NI CALCO NI COPIA

Necías E. Taquiri Y.

¿CON ESOS AMIGOS, PARA QUÉ QUIEREN ENEMIGOS?

En determinadas circunstancias hay que lidiar con nidos de víboras construidos dentro de una institución, hasta aprovechando, por conveniencia, la propia amistad. Por ello diría alguien, algún día del que no tenemos exacta recordación, pero con conocimiento de causa y mucho tino, que en la conducción de las instituciones, partidos políticos, ejércitos, sindicatos o comunidades, prefería trabajar con servidores, militantes, soldados, sindicalistas o comuneros, respectivamente, antes que con ‘amigos’. Dejarse asesorar por los amigos o inclinarse en las decisiones por amistad, es el peor asesoramiento y la peor decisión, solía decir. “Hay que dejar la amistad lejos de la institución, y tomarla mejor con compañerismo cuando haya que tomarse unos tragos, compartir una comida, jugar un partido de bulbito, aunque sea, pero no para dirigir asuntos serios de la vida social”.

Porque, en verdad, algunos ‘amigos’ son unos sinvergüenzas a la hora de tapar sus cochinadas laborales, sus vivezas, ociosidades y corruptelas, porque aprovechan precisamente esa condición y recurren a la consabida frase de que ‘como es mi amigo, tendrá que comprenderme, tendrá que ayudarme o tendrá que hacerse el loco; porque si no, no sería mi amigo’. Y así, por ejemplo en la conducción de las instituciones del estado, determinados jefes, administradores, gerentes, directores o funcionarios (porque los nombrecitos que poseen estas instituciones son diversos), lo primero que hacen es rodearse de amigos (amiguitos, amiguitas o amigotes, inclusive).

¿Cuáles son los resultados? Pues, que los amigos y las amigas buenos para llevarte en su carro a donde tú quieras, para invitarte un par de chelas, para convidarte una cena opípara, para compartir una juerga, un paseo o un viaje, oh desgracia, a la hora de redactar un memorando son una nulidad (se pasan la mañana entera peleando con la ortografía y la computadora y no aciertan) y no puedes hacer nada porque es tu amigo o tu amiga. Y si el cargo que le diste es de mayor responsabilidad, no sólo entorpecen su rápida y justa marcha, sino que la negocian, la mal utilizan y te embarran, ‘y tienes que hacerte el loco’, porque es tu amigo. Lo peor es que estos ‘amigos’ te inducen a hacer sectas, grupos, feudos de maldad, donde el jefe supremo, aparentemente, eres tú.

No todos, felizmente, no todos. Por eso decimos ‘algunos’, porque existen otros que distinguen claramente la amistad de la responsabilidad institucional o laboral, y durante esos avatares debaten indistintamente con los compañeros de trabajo, critican, sugieren, apoyan, sin la presión inconveniente de considerarse amigos de los jefes o de sus subalternos, que comparten las obligaciones y responsabilidades institucionales, con tranquilidad de conciencia. Ellos son los que dicen y demuestran en la práctica que ‘primero la institución, luego los intereses individuales’.

Si reemplazamos ‘amigos’ por ‘partidarios’, la situación es más clamorosa aún para la sociedad y sus objetivos de democratización, crecimiento y desarrollo. Con ese criterio las instituciones públicas se han atestado de inútiles pero ‘pertenecientes al partido’, haciendo que, en consecuencia, tales instituciones se hundan en la charca del desprestigio y fracaso. Los designan en cargos de jefes, directores, comisionados, asesores, coordinadores, capacitadores, etc., y los pobres no pueden atar ni desatar, porque ‘el partido’, en lo único en que les han preparado es en fanatismo y en cómo votar durante las elecciones. Al momento de ejercer los cargos, eso no les sirve para nada. Entonces, son funcionarios inservibles. En esas condiciones, los amigos se convierten en sus peores enemigos.

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