El presidente de Colombia Juan Manuel Santos Calderón pasará a la historia de su país y del mundo, por haber conseguido lo que parecía imposible haca una década: la paz finalmente llega a Colombia.

El costo es alto. Durante más de medio siglo Colombia fue escenario de un conflicto propio de la guerra fría, cuando el mundo bipolar enfrentaba al capitalismo el modelo del socialismo real liderado por la ex Unión Soviética.

No es sin embargo la primera vez donde un Estado y la guerrilla firman un acuerdo de paz, reconociendo que ninguno puede alcanzar la victoria de inmediato y que en el largo plazo, el país se irá desangrando inútilmente.

La experiencia de El Salvador fue considerada en su momento, 1992, un caso atípico. La conservadora Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) iniciaron negociaciones de paz contra todo pronóstico, ya que ambos eran denunciados por cometer crímenes contra la población civil.

El movimiento liderado por el FMLN y el gobierno habían llegado a un nivel de estancamiento en sus ofensivas para alcanzar la victoria. Dos doce años de guerra civil, de 1980 a 1992, asoló medio país con un saldo de más de 70 mil muertos y 8 mil desaparecidos.

Fue la decisión de ambos contendores y el apoyo del gobierno de México, Colombia, Venezuela y las naciones Unidas lo que permitió que las partes se sienten a negociar una salida de paz, que por fin se logró luego de más de un año y medio, cuando el FMLN entregó las armas a la ONU

Cuatro años después, en 1996, después de 36 años de un conflicto armado interno, la Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca (URNG) y el Estado de Guatemala firmaron el Acuerdo de Paz Firme y Duradera, en la que participó el presidente de Guatemala Álvaro Arzú Irigoyen. En este proceso se contó con el apoyo de los gobiernos de México, Noruega, España y Canadá.

En ambos procesos se acordaron cumplir con gran parte de las razones por las que se inició el conflicto armado interno: erradicar la pobreza y el desempleo, mejorar la salud y la educación.

También garantizar los derechos humanos, investigar las violaciones de los mismos, fortalecer el proceso de reconciliación nacional y la democratizar el país.

En ambos casos, con la firma de los acuerdos de paz se inició el desarme de los grupos armados. Este fue un proceso lento que en más de una oportunidad abrió dudas sobre el cumplimiento de los acuerdos de Paz. Es que luego de tantos años de guerra, la desconfianza estaba presente.

Y lo mismo ocurría frente a las reformas que se pedía al Estado, especialmente de las fuerzas de seguridad.

Pero finalmente se logró, en ambos caso, y esperamos que ahora en Colombia se consiga, que la paz retorne y se instale un sentimiento de unidad entre todos. El Salvador y Guatemala, pequeños países de América Central, nos dieron un ejemplo a las latinoamericanos de que si es posible vivir en paz, luego de largos conflictos armados internos.

Ahora le toca el turno a Colombia. Estamos seguros que será el camino de una paz firme y duradera.

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