2016 09 28 unsch

Frontis de la universidad

La historia de la ciudad de Huamanga está estrechamente ligada a la historia de su universidad. Viendo hoy a la ciudad, extendida en los cuatro puntos cardinales, con cerca de 300 mil habitantes, posiblemente no entendamos como la reapertura de la Universidad de San Cristóbal de Huamanga en 1957 y que comenzó a funcionar en 1959, cambio el rostro de esta ciudad.

Huamanga era una ciudad de 20 mil habitantes en 1959. La élite huamanguina y el pueblo se habían ilusionado que para el centenario de la Batalla de Ayacucho llegaría el ferrocarril para salir del aislamiento, que era sinónimo de pobreza.

No llegó y esta fue una frustración más. Así, a mediados de los cuarenta se comienza a gestar una de las demandas más sentidas. La reapertura de la Universidad de San Cristóbal de Huamanga. Es el senador Enrique Galván el autor del primer proyecto, que es encarpetado. En 1956, electo senador Alberto Arca Parró, consigue que el proyecto Galván vuelva a ser tomado en cuenta, y se inicia el engorroso trámite para conseguir la reapertura de la Universidad.

La década de los cincuenta del siglo pasado es interesante estudiarla por el crecimiento de la oferta educativa del estado a nivel de secundaria. A comienzos de esa década sólo existían la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, La Universidad Nacional San Antonio Abad del Cuzco, La Universidad Nacional San Agustín de Arequipa y la Universidad Nacional de Trujillo. Y como privada la Pontificia Universidad Católica del Perú

En 1955 la Escuela Nacional de Ingenieros pasó a llamarse Universidad Nacional de Ingeniería y en 1960, con la Ley Universitaria 13417 se reconoció a la Escuela Nacional de Agricultura como Universidad Nacional Agraria La Molina. En 1961 se creó la Universidad Cayetano Heredía, la segunda universidad privada del país.

En estas condiciones casi todos los departamentos exigen la creación de universidades en sus capitales, fundamentando, aparte del aumento de jóvenes que desean estudiar el crecimiento de sus ciudades, como son los casos de Piura y Chiclayo que dependían de la Universidad de Trujillo.

Sólo es Ayacucho la que fundamenta que la reapertura de la Universidad permitirá el desarrollo de la economía y permitirá salir del estado de postración de la sociedad. Da la impresión, que vuelven las frases de Cristóbal de Castilla y Zamora cuando funda la Universidad: “Por la suma pobreza de la tierra”.

La reapertura de la Universidad impacto profundamente en las dos primeras décadas: los sesenta y los setenta. Para tener una idea, en 1914, Riva Agüero calculó que la ciudad de Huamanga tenía 16 mil habitantes y Huancayo 14 mil. En 1940, Ayacucho está con 18 mil habitantes y Huancayo con 36 mil. En 1961, Ayacucho tiene 20 mil habitantes y Huancayo 64 mil.

Esas casonas construidas como las mejores de estos reinos, como las calificó Cieza de León estaban en gran parte desocupadas en el segundo piso, y sus tiendas alquiladas o vendidas a comerciantes. Había un restaurante, tres cines, destacando el Cine Cavero construida por un visionario de lo que cambiaría Ayacucho con la Universidad.

Y Cambio. Los profesores, estudiantes y trabajadores administrativos que llegaron a trabajar y estudiar en la Universidad comenzaron a demandar productos y esto permitió el surgimiento del comercio, bodegas, restaurantes, pensiones.

Pero además, y lo más importante, permitió la profesionalización de los hijos de artesanos, de los “chacra maestros” y se abrió un nuevo porvenir a una clase media que surgió y permitió que esta ciudad crezca.

Las obras del Sesquicentenario fueron el complemento para una ciudad que albergaba cerca de diez mil universitarios, entre estudiantes, profesores y empleados no docentes. Una gran población, en un 70% foránea, que reciban pensiones o ganaban sus sueldos y los gastaban en Ayacucho impulso el despegue de esta ciudad
Esta es la gran deuda que tenemos con la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Hoy, recogiendo las enseñanzas buenas de las primeras décadas y superando los errores cometidos, es bueno emular a otras universidades del Mundo, como la antigua Universidad de Toledo en España, que en medio del declive de su ciudad, la ha convertido prácticamente en una ciudad universitaria, como lo era Huamanga, en la décadas de los setenta.

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