El retablo ayacuchano es una de las manifestaciones artísticas más representativas de nuestra región, y simboliza la tradición, cosmovisión y percepción de la cultura ayacuchana. Sin embargo, también puede ser un vehículo de protesta, disconformidad y resistencia, y servir como medio para exponer las injusticias que se viven.
De esta manera, un grupo de jóvenes ayacuchanos utiliza este símbolo artístico para representar las injusticias. A simple vista, podría tener el objetivo de captar la atención del espectador y para mostrar lo que sucede, sin embargo, tras observar más a detalles, es una invitación a la reflexión y toma de conciencia de las violaciones a los derechos humanos cometidas por aquellos que deberían velar por nuestra seguridad y bienestar.
Es lo que busca representar “El Retablo de mi Protesta”, un documental que expone las cicatrices de una tragedia aún latente en la memoria colectiva de la región. Dirigido por Fidel De la Cruz y con la colaboración del reconocido retablista Edilberto Jiménez, la pieza audiovisual refleja el dolor de las víctimas de la masacre ocurrida el 15 de diciembre, cuando diez personas fueron asesinadas y más de setenta resultaron heridas, en su mayoría durante las protestas en contra del gobierno de Dina Boluarte.
“La inspiración ha sido los testimonios que hemos recogido de los familiares del 15 de diciembre, tanto heridos como familiares de asesinados. Al registrar estas entrevistas nos dimos cuenta del potencial, el poder, la fuerza y la necesidad de visibilizar estos casos” mencionó De La Cruz.
A través de una narrativa que fusiona testimonios de los familiares de las víctimas, arte, y la voz de expertos como el abogado Gloria Cano y los sociólogos Jefrey Gamarra y Nelson Pereyra, el documental presenta la importancia de preservar la memoria histórica como un acto de justicia. Con ello, los realizadores buscan dar visibilidad a una tragedia que aún sigue siendo ignorada por muchas instancias oficiales.
El punto central de “El Retablo de mi Protesta” radica en su capacidad para conectar la tragedia con el arte tradicional de Ayacucho: el retablo. Edilberto Jiménez, reconocido por sus trabajos que reflejan los horrores de los años 80, fue el encargado de plasmar la crueldad de aquel 15 de diciembre en dos retablos que, además de ser una obra de arte, se convierten en testamentos visuales de una lucha por la verdad y la justicia. Uno de estos retablos se encuentra incluso en Japón, un símbolo del alcance global que tiene la memoria histórica.
“Como señaló el maestro Edilberto Jiménez, no hacemos retablos y no hacemos arte para cambiar el mundo, hacemos retablos y en este caso hacemos arte, hacemos cine para dejar un vestigio de la verdad, para que se sepa lo que pasó, para que mañana más tarde nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros nietos sepan lo que sucedió”, arguyó el director.
El documental no solo se enfoca en los hechos, sino también en la importancia de dar voz a aquellos que han sido invisibilizados por la historia oficial.
“Teníamos una obligación con los familiares, un compromiso con ellos que les prometimos contar su historia con cariño, con amor, con empatía, y entonces hubo muchas dificultades, sí, pero el norte estuvo mucho más claro siempre para todos” acotó.
El trabajo, que ha sido completamente autogestionado por el equipo, se proyectará en el Teatro Municipal de Ayacucho los días 15, 16 y 17 de diciembre, entradas a un precio accesible de 6 soles. El público podrá acompañar a las familias de las víctimas, quienes han luchado incansablemente por justicia, y ser testigos de una obra que no solo rinde homenaje a los caídos, sino que también denuncia la falta de respuesta a las injusticias del pasado.
Con representaciones de figuras políticas, el Congreso de la República, el Palacio de Gobierno, las fuerzas militares y banderas, además de las víctimas de las protestas, asesinadas en medio de la represión y quienes, con pancartas en mano, expresan su repudio al poder de Boluarte; tanto el retablo como el documental funcionan como una forma de protesta, buscando dar rostro a aquellos que aún son ignorados y una justicia que se persigue a través del arte. Esta pieza se erige como un testimonio de lucha continua, un llamado a la memoria y a la justicia en medio de la violencia y el olvido.
Entradas en Aku Café (Jirón Cusco 328), Miskyfrooz (Av. Mariscal Cáceres 1070) o al 934 685 078.







