Conocido artísticamente como “Qoronta”, Mario Huamaní Inca es uno de los más destacados representantes de la danza de tijeras, una expresión artística ancestral de nuestra región que fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en noviembre de 2010. Este año, el danzante cumple 40 años de trayectoria en el que destaca la disciplina, el orgullo y la defensa de una tradición que es parte de su identidad cultural.
Originario del distrito de Andamarca, capital del distrito de Carmen Salcedo en la provincia de Lucanas, Huamaní comenzó a practicar la danza a los seis años, inspirado por la música que escuchaba a través de los altoparlantes del pueblo durante las festividades. Es aquí donde nace su pasión por este arte, aprendiendo los complejos movimientos que caracterizan la danza.
De los ocho hermanos que integran su familia, sólo dos siguieron la tradición. Para Huamaní, la danza de tijeras no solo ha sido una forma de expresión, sino una puerta que lo llevó a recorrer diversas regiones del país y, más adelante, escenarios internacionales. Su carrera profesional se consolidó a los 16 años, cuando comenzó a presentarse en plazas públicas y fiestas patronales, logrando obtener el primer lugar en un concurso nacional organizado por la Asociación de Danzantes de Tijeras y Músicos del Perú en 1993.
Desde entonces, “Qoronta” ha representado al Perú en festivales internacionales en países como Alemania, Dinamarca, Rusia, Estados Unidos, Francia, Italia, Inglaterra y China. En 2011, junto a una delegación de 24 danzantes peruanos que participó en la celebración del Año Nuevo Chino, uno de los eventos más grandes de Asia.
Huamaní destaca que el camino no ha estado libre de dificultades. Durante años, la danza de tijeras fue estigmatizada y asociada a prácticas sobrenaturales, debido a la complejidad de sus movimientos acrobáticos. En más de una ocasión, relata Huamaní, se les impidió ingresar a misas, a pesar de haber sido contratados para participar en las festividades religiosas.
“La gente no entiende que los danzantes de tijeras somos herederos de nuestros hermanos mayores. Lo único que hacemos es seguir el legado cultural que nos han dejado”, afirma.
Para Huamaní, su conexión con esta tradición es también un asunto familiar. Su abuelo, su padre, sus tíos, su hermano y sus sobrinos han sido danzantes, y hoy él se encarga de transmitir este conocimiento a las nuevas generaciones. La Semana Santa, explica, es una fecha crucial para esta labor, ya que es el momento en que los maestros presentan a sus discípulos al pueblo, como parte del compromiso con sus ancestros.
A pesar del reconocimiento internacional que ha recibido la danza de tijeras, Huamaní lamenta que dentro del propio país aún exista un sector que subvalora estas expresiones culturales.
“Es lamentable que en el Perú se maltrate nuestra cultura”, acotó.
Hoy, a cuatro décadas de haber iniciado su camino en este arte, “Qoronta” continúa bailando, enseñando y defendiendo la herencia que representa, convencido de que mantener viva la danza de tijeras es una forma de honrar a sus antepasados y reafirmar la riqueza de la cultura.
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