Hermógenes Janampa, periodista, librero y artista, reflexiona sobre la evolución de Ayacucho y su compromiso con la cultura y el desarrollo social. Fundador de la primera versión del periódico “Jornada” junto a Aracelio Castillo, Janampa destaca cómo este medio denunció la crítica situación del agua y la electricidad, impulsando cambios significativos. Narra la inspiradora movilización ciudadana para construir la carretera Ayacucho-Pisco, evidenciando la capacidad del pueblo para suplir las carencias estatales.
Janampa también comparte su enfoque innovador en la enseñanza de la educación artística, priorizando la práctica sobre la teoría. Finalmente, lanza un mensaje contundente a las nuevas generaciones sobre la vital importancia de la lectura y la escritura para una vida plena y consciente.
Juan Camborda: Desde el Hotel Santa Rosa, con el apoyo de su administración, continuamos con nuestras charlas sabatinas. Hoy conversamos con una figura clave del periodismo y la cultura ayacuchana: Hermógenes Janampa, un hombre que ha recorrido universidades como San Marcos y San Cristóbal de Huamanga, un referente para quienes valoramos los libros y creemos que son fundamentales para la cultura. Él fue un librero importante en Ayacucho. Queremos hablar sobre un nombre que le trae muchos recuerdos: Jornada. Usted es el fundador de la primera versión de “Jornada”, ¿cómo surgió este periódico?
Hermógenes Janampa: Aracelio Castillo, a quien conocí en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, me buscó y me propuso aplicar mi experiencia periodística de Lima aquí en Ayacucho. Él aportó el dinero para la edición, y comenzamos a imprimir en la imprenta “El Pueblo” utilizando monotipo, es decir, las palabras se armaban tipo por tipo.
Nos referimos a la tipografía, donde las palabras se ensamblaban letra por letra.
Exactamente, letra por letra, tipo por tipo. A eso se le llamaba monotipo.
¿Quién le dio el nombre de “Jornada” al periódico?
Fue Aracelio Castillo. Él estaba muy conectado con las instituciones sociales de trabajadores en Lima, y le gustó la palabra “Jornada” porque significa trabajo. Él cubrió todos los gastos de su bolsillo. En “Jornada” escribimos sobre los problemas del agua y la energía eléctrica en Ayacucho. En aquel entonces, solo había luz en el centro de la ciudad; en los barrios, no había nada. Yo vivía en Pucacruz, y vivíamos en la oscuridad.
Una de las principales demandas del Frente de Defensa del Pueblo fue precisamente el acceso a agua y luz.
Así es. Todos, tanto de izquierda como de derecha, apoyaron nuestra iniciativa de impulsar la construcción de la central eléctrica de Quicapata. En cuanto al agua, el reservorio que estaba encima de Acuchimay era cuidado por un trabajador por las noches. Este trabajador desapareció, y nadie supo de él. Después de un año, durante la limpieza del reservorio, encontraron su cuerpo.
Se había ahogado.
Así es.
¿Quiénes escribían en “Jornada” en esa época?
Antonio Sulca y los hermanos Mendoza, quienes también eran pintores. No recuerdo muchos otros nombres.
Pero es suficiente con que tengamos claros los temas que se trataban.
Claro, el agua, la luz, esos problemas. Como le decía, la luz solo encendía en el centro. En Pucacruz vivíamos a oscuras.
Lo mismo decían quienes vivían en La Magdalena, que tampoco tenían luz.
Solo había una luz tenue en el centro.
Se decía que para estudiar usaban velas porque la luz no era suficiente para leer.
Así es. Yo usaba un mechero con kerosene. Gracias a nuestras gestiones, la luz se amplió un poco en la ciudad. Instalaron los aparatos de producción de luz en Pucacruz, lo que mejoró la iluminación en el centro, pero los barrios seguían en la oscuridad.
La luz mejoró con el Sesquicentenario en 1974.
Sí, pero el problema del agua continuó siendo grave. Simón Bolívar había prometido abastecer de agua a Ayacucho desde las alturas, de donde ahora también proviene.
Hasta que se ejecutó el Proyecto Cachi.
Exactamente, el Proyecto Cachi. Esa fue una demanda de los ayacuchanos desde 1824.
Y se cumplió recién en este siglo.
Los pedidos de Ayacucho solían tardar cincuenta, cien, o incluso ciento cincuenta años en cumplirse. Por ejemplo, la construcción de la carretera Ayacucho-Pisco tardó años y años.
Por la vía de Huaytará.
Sí, por Huaytará.
Recuerdo que el deslizamiento de un cerro que tapó el río Mantaro impulsó la construcción de la carretera por Pisco, ¿lo recuerda?
Claro, antes viajábamos a Lima por Huancayo. El cerro se cayó en Huaccoto, arrastrado por una fuerte crecida. Como el Estado no nos hacía caso, el pueblo decidió construir su propia carretera.
He visto fotos de Próspero Núñez sobre las obras en la Vía Libertadores.
Próspero Núñez era un periodista luchador. Las autoridades del gobierno se convirtieron en sus enemigos. Él fue encarcelado y después incendiaron su imprenta. El pueblo empezó a trabajar la carretera, domingo tras domingo. Los alumnos del colegio San Juan Bosco, bajo el liderazgo del padre Luis Facio, iniciaron los trabajos donde ahora están el colegio Mariscal Cáceres y el hospital, que en ese entonces era una pampa llena de tunales.
¿Dónde comenzaron?
Empezaron donde ahora está el colegio Mariscal Cáceres.
Que era una pampa llena de tunales.
Luego se sumaron otros colegios, los futbolistas, artesanos y profesores. Trabajamos domingo tras domingo hasta llegar a Chamanapata.
Hermógenes, ¿esto fue documentado en “Jornada”?
No, no lo escribimos. Deberíamos dejarlo como memoria para las nuevas generaciones.
¿Cómo se organizaba la actividad?
Los hombres llevaban sus carretillas, picos y palas. Al mediodía, las mujeres llegaban con comida para los trabajadores. La juventud ayacuchana, los artesanos y todos los barrios se movilizaron.
¿Toda la ciudad se movilizó?
Sí, domingo tras domingo. Cuando llegamos a la cumbre, Chamanapata, el gobierno finalmente dijo que se haría cargo de la construcción. Pero el pueblo ayacuchano construyó desde detrás del estadio, donde ahora está la ciudad universitaria y la avenida Independencia, hasta la cumbre de Chamanapata. Así es el pueblo ayacuchano. Esa carretera se puso en uso en los años 70.
Era por Castrovirreyna, por Ticrapo.
Por Ticrapo, sí. En los años 80 se inició la construcción de la variante hacia Huaytará para evitar la vuelta por Castrovirreyna y las bajadas complicadas y con túneles.
¿Cómo ve los cambios de ese Ayacucho pequeño donde vivió de joven, antes de la reapertura de la universidad, comparado con el Ayacucho de hoy, con 300,000 habitantes?
La ciudad de Huamanga terminaba en Pucacruz. Más allá, hacia Quinuapata, todo era tunales. Ahora ha crecido mucho, es irreconocible.
Hablemos de las personas que conoció. Cuénteme sobre Aracelio Castillo.
Aracelio Castillo era un hombre de izquierda, una posición política que desarrolló en el departamento de periodismo de San Marcos. Él era de izquierda moderada y no quiso involucrarse con los grupos subversivos más radicales. Le gustaba escribir, aunque no lo hacía directamente, pero nos ayudaba con sus comentarios. Tenía un sobrino periodista, también de apellido Castillo, que escribía para diarios en Lima y lo animaba a dedicarse al periodismo. La imprenta fue el problema que causó la desaparición de la primera etapa de “Jornada”, ya que los textos se armaban letra por letra, tipo por tipo.
Tenían que armar la galera.
Ese fue el problema, y por eso desapareció “Jornada” en su primera etapa.
También me habló de Manuel Baquerizo, el de la imprenta de la universidad.
Sí, él trabajaba por la cultura en Ayacucho y manejaba la imprenta de la universidad.
La universidad publicaba un mensuario, ¿verdad?
Sí, era un mensuario llamado “Universidad”. Me buscó para que hiciera ilustraciones, ya que yo también era dibujante. Por eso, algunos números del mensuario “Universidad” llevan mis dibujos.
Cuando el doctor Efraín Morote fue nombrado presidente de la comisión reorganizadora de la Universidad del Centro en Huancayo y viajó con Manuel Baquerizo, quien fundó la editorial de esa universidad.
Ahí ya no participé, pero seguíamos siendo amigos. Me enteraba por la radio y los periódicos que Manuel Baquerizo estaba realizando una excelente labor cultural en Huancayo.
Él era huancaíno y trabajó mucho allí, siendo poeta y narrador.
Además, le encantaba motivar a la gente a escribir. Despertaba la mente y te impulsaba a avanzar. Manuel Baquerizo falleció.
¿Qué otras personalidades destacaron en Ayacucho en esa época?
En esa época destacó el periodista Próspero Núñez Bedriñana, originario de San Miguel. Tenía su diario “Paladín”, desde donde criticaba a las autoridades, acusándolas de ser indolentes y de solo apoyar al gobierno para quedar bien, sin realizar obras. Las autoridades se vengaron de él, dinamitando su imprenta.
¿Cómo ha influido la Universidad de Huamanga en usted, en el arte, la cultura y la ciudad de Ayacucho?
La universidad me contrató en varias ocasiones para enseñar educación artística a los alumnos de la carrera de Educación. También me dieron un trabajo para enseñar educación artística en el colegio Guamán Poma, desde inicial hasta quinto año de secundaria. La educación artística se enseñaba solo teóricamente. Me di cuenta de que faltaba práctica; debe enseñarse con la práctica para que los niños empiecen a pintar y colorear. Les pedía que trajeran materiales como témperas y pinceles. Para mí, la educación artística consistía en la práctica. Algunas madres de familia se quejaban de que yo no pedía diseños ni cuadernos.
A veces los padres no entienden qué es la educación artística.
Les expliqué que en Guamán Poma, el 90% de la enseñanza de educación artística era pura práctica, buscando despertar la percepción de los niños hacia un punto de vista realista. Dibujábamos los árboles y tunales que había en los patios del colegio, no en un salón ni en una pizarra. Lamentablemente, me despidieron a los cinco meses.
Hermógenes, el tiempo es nuestro peor enemigo. ¿Qué mensaje les daría a los jóvenes ayacuchanos, usted que ha pasado por el periodismo y la cultura de la región?
Mi mensaje es que lean mucho. Que lean los niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos. La lectura alarga la vida. Los escritores tenemos el importante mensaje de fomentar la lectura. Y los ancianos, además de leer, deberían escribir sus experiencias. No importa si tienen fallas, lo importante es alargar la vida del anciano.
Muchas gracias a usted, Hermógenes. Ya saben, el mensaje es leer.
La lectura nos hará personas conocedoras de lo que ocurre en el país, nos permitirá contrastar la información con lo que vemos, y siempre estaremos atentos a lo que sucede en nuestra nación como periodistas.
Muchas gracias, ha sido un placer conversar con Hermógenes Janampa, un hombre que ha dejado huella en nuestra ciudad.
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