En los alrededores del mercado Nery García Zárate, el desorden que por años fue tolerado por autoridades y comerciantes ha llegado a un punto crítico. El reciente choque de un camión de carga pesada contra una vivienda, registrada hace unos días, ha vuelto a poner en evidencia el riesgo permanente en el que viven los vecinos y transeúntes de esta zona comercial. Aunque el conductor habría estado en presunto estado de ebriedad, según las declaraciones de los testigos, los residentes aseguran que el accidente también fue consecuencia directa de la invasión de calles y veredas, que impide la libre circulación y pone en peligro a todos los que transitan por el lugar.
Las calles aledañas al mercado están completamente copadas por puestos improvisados, cajones, sacos de cebolla y frutas, mientras los camiones de carga se estacionan sobre la pista para descargar mercadería desde las tres de la mañana.
“Las veredas ya no existen, caminamos entre cajas y bultos. Esto no es solo desorden, es un peligro para todos”, relató uno de los vecinos. El tránsito vehicular es constante y caótico, y los peatones deben sortear los productos apilados en plena vía pública para poder avanzar.
A pesar de las reiteradas quejas y pedidos de intervención, en la zona no se observa presencia permanente del personal de fiscalización de la Municipalidad Provincial de Huamanga. Los vecinos aseguran que solo se realizan operativos ocasionales, aproximadamente una vez al mes, mientras el descontrol se mantiene todos los días.
“La municipalidad viene, toma fotos y se va. Al día siguiente todo sigue igual”, agregó una comerciante del sector, que admite que muchos vendedores informales ocupan las vías porque no tienen espacio dentro del mercado.
El problema no es exclusivo de Huamanga. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), más del 52 % de la población ocupada en el Perú trabaja en condiciones informales. De ese total, alrededor de 1,2 millones de personas se dedican al comercio ambulatorio o de mercado. En ciudades intermedias como Ayacucho, la expansión del comercio informal ha desbordado la capacidad de los gobiernos locales para ordenar el uso del espacio público.
En el caso del Nery García Zárate, los vecinos insisten en que el peligro es inminente. No solo por el tráfico y los constantes choques menores, sino también por la imposibilidad de evacuar ante un sismo o incendio.
“Aquí no hay por dónde correr, todo está lleno. Si pasa algo grande, va a ser una tragedia”, señaló otro residente, mientras mostraba cómo los productos ocupan toda la vereda y parte de la calzada. La contaminación sonora también es parte del problema: el bullicio comienza desde las tres y media de la mañana, impidiendo el descanso de los habitantes del sector.
Mientras tanto, los comerciantes argumentan que necesitan el espacio para subsistir. “Nosotros pagamos por nuestros puestos, pero no alcanza. Afuera también se vende, es la única forma de ganar algo”, explicó una vendedora. Sin embargo, los vecinos advierten que esa dinámica, sumada a la falta de control, agrava cada vez más la saturación.
Pese a las advertencias y al último accidente, hasta ahora no se ha anunciado ninguna medida concreta de parte de la Municipalidad Provincial de Huamanga. La situación, que se repite día tras día, evidencia no solo la debilidad del control municipal, sino también la ausencia de una política sostenida de ordenamiento urbano.
En los alrededores del mercado Nery García Zárate, el comercio informal ha dejado de ser un tema de orden público para convertirse en una amenaza real. Vecinos y transeúntes coinciden en que la zona es una “bomba de tiempo” que podría cobrar vidas si las autoridades no actúan de manera inmediata y sostenida.
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