El sistema de alcantarillado de la ciudad de Ayacucho registra un incremento de colapsos durante la actual temporada de lluvias, una situación que se ve agravada por el uso inadecuado de los desagües domiciliarios y comerciales. Así lo informó SEDA Ayacucho, al alertar sobre la creciente presión que soportan las redes de saneamiento en distintos sectores de la ciudad.
Especialistas de la empresa prestadora del servicio señalaron que las precipitaciones intensas elevan considerablemente el caudal que circula por las tuberías, especialmente en zonas bajas, donde la pendiente natural de las calles favorece la acumulación de aguas residuales. A este escenario se suma la conexión indebida del agua de lluvia al sistema de desagüe, una práctica que sobrecarga infraestructuras diseñadas únicamente para evacuar aguas servidas.
Durante los días de lluvia, SEDA Ayacucho registra en promedio alrededor de 20 atoros diarios, cifra que puede incrementarse cuando las precipitaciones son más intensas o prolongadas. La presión generada por el exceso de agua provoca, en algunos casos, el levantamiento de tapas de buzones y aniegos en la vía pública, con afectación directa a viviendas y comercios cercanos.
Las labores de mantenimiento permiten identificar una gran cantidad de residuos sólidos dentro del alcantarillado. Bolsas plásticas, restos de alimentos, materiales de construcción, utensilios, calzado y desechos orgánicos son retirados con frecuencia de las tuberías, evidenciando un uso incorrecto del sistema. Esta situación se presenta tanto en domicilios como en mercados, restaurantes, pollerías, camales y granjas, donde también se detecta el vertido de grasas, aceites, vísceras y otros residuos.
De acuerdo con los especialistas, estos desechos reducen progresivamente la capacidad de conducción de las tuberías. En el caso de las grasas y aceites, su acumulación se adhiere a las paredes internas de las redes colectoras, disminuyendo el diámetro útil y favoreciendo la aparición de atoros recurrentes en determinadas zonas.
El crecimiento urbano y poblacional también influye en la problemática. La expansión de la ciudad hacia áreas periurbanas y el aumento de habitantes en viviendas que ahora albergan a más familias incrementan la demanda sobre una infraestructura que fue diseñada hace varias décadas y que, en muchos tramos, se acerca al final de su vida útil.
Cuando se produce un colapso, el impacto alcanza en promedio a entre 10 y 20 usuarios por evento, aunque en sectores bajos la afectación puede ser mayor. En viviendas con sótanos, por ejemplo, se han reportado retornos de aguas residuales, lo que obliga a realizar labores de bombeo, limpieza, desinfección y, en algunos casos, la eliminación de material contaminado.
SEDA Ayacucho indicó que la renovación integral de las redes de alcantarillado requiere inversiones de gran envergadura y financiamiento estatal, ya que los recursos propios del servicio se destinan principalmente a la operación, mantenimiento y ejecución de obras puntuales.
En este contexto, la entidad reiteró que el alcantarillado no es un sistema para la disposición de residuos sólidos ni de aguas pluviales, sino una infraestructura sanitaria cuyo correcto funcionamiento depende tanto de la capacidad instalada como del uso responsable por parte de la población.
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