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Israel: de un pueblo perseguido a un estado genocida

¿De alumno a maestro? ¿De víctima a victimario?

Lo que vemos por la televisión de la guerra asimétrica entre el Estado de Israel y los milicianos de Hamas y Hezbollah supera largamente a los horrores cometidos por los nazis contra el pueblo judío antes y durante la II Guerra Mundial. Sobre este problema de hoy, de miles de niños y niñas palestinas en Gaza muriendo de hambre y enfermedades, porque el gobierno de Israel, violando incluso las leyes de la guerra, no permite que ingrese ayuda humanitaria, eso no es importante, sino las palabras del presidente interino José María Balcázar, quien, citando al estudioso Antonio Escohotado en su libro “Los enemigos del comercio”, destacó las persecuciones en Europa a los comerciantes en la Europa medieval y en la edad moderna.

El discurso de Balcázar, sacado del contexto, porque esa es la tarea del gran periodismo, se refiere a los comerciantes judíos en Alemania y Austria, quienes, durante La Noche de los Cristales Rotos, ocurrida entre el 9 y 10 de noviembre de 1938, perdieron sus negocios (se destruyeron 7,500 comercios), se asesinaron a un centenar de judíos y se detuvieron a 30,000. Este fue el inicio del Holocausto.

Antonio Escohotado, en el libro citado, señala que Hitler usó como pretexto que los judíos controlaban el comercio, la banca alemana y cometían usura. Eso lo dice Escohotado, y lo repite Balcázar.  En ninguna parte dice que los judíos ayudaron a los nazis o ataca a los semitas.

Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial y el 80% del gas natural.
El mal uso del antisemitismo

La definición de semita es clara: término que designa a los pueblos originarios de Asia occidental, descendientes bíblicos de Sem, que comparten lenguas emparentadas: hebreo, árabe y arameo; y comparten rasgos culturales de Asia menor. Son los siguientes grupos étnicos: árabes, judíos, fenicios y asirios. En todo caso, los principales antisemitas son los sionistas que gobiernan Israel, porque están exterminando, cometiendo genocidio contra el pueblo palestino.

Confundir el antisemitismo con el antisionismo es una práctica perversa de los gobiernos de Israel para victimizarse. El Holocausto fue un crimen de lesa humanidad repudiable, como fueron, por ejemplo, las persecuciones de judíos por los Reyes Católicos en España. No solo los Reyes Católicos, sino en muchos países de Europa los judíos se autoexcluían, porque se consideraban “el pueblo de Dios” y negaban que Cristo era Dios y ni siquiera lo consideran un profeta mayor como los musulmanes.

Para los católicos, la presencia de los judíos en las cercanías de las ciudades era una mala señal. Hasta el siglo XIX y en algunos países, los judíos eran repudiados y de ahí nació el mito del “judío errante”.

Todo esto lo hizo Europa y se expandió a las repúblicas que fueron su colonia. El surgimiento de las repúblicas laicas o de monarquías independientes del poder del papado permitió la incorporación de los judíos a estas sociedades con igualdad de derechos, siendo Francia la más democrática de todas, hasta que el antijudaísmo se hizo presente durante el juicio del capitán judío francés Alfred Dreyfus, acusado, falsamente, de alta traición en 1894 por “entregar documentos secretos a Alemania”. Este juicio demostró cómo el antisemitismo —se utilizó por primera vez este término— abarcaba no solo a los judíos, sino a todos los pobladores del Cercano Oriente, entre estos a los árabes, arameos, palestinos, entre otros pueblos.

Nacimiento del sionismo

El fundador del movimiento sionista fue Theodor Herzl a fines del siglo XIX. Se considera que fue una reacción ante el rechazo que sufrió de los alemanes (él era un judío austriaco). Su argumento fue que los judíos hicieron todo lo posible para integrarse a las naciones donde vivían, pero eran rechazados, no solo por el Estado, sino por los otros miembros de la sociedad nacional. Europa occidental vivía un proceso de creación de los estados nación, y si bien en todas estas sociedades secularizadas la religión no era un impedimento para integrarse como ciudadano con todos los derechos, quedaban los rezagos de la época feudal y los prejuicios de los cristianos sobre los judíos. “No nos quieren”, señaló y concluyó Herzl, y agregó que ellos eran una nación que necesita su propio Estado.

Theodor Herzl: Fundador del Sionismo. Su propuesta fue la reacción de los judíos frente a la segregación en la Europa moderna del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y la mal entendida: nación judía y un territorio solo para ellos.

Pero no iba a ser una nación abierta la que ellos buscaban crear: era una nación sustentada en una religión: el judaísmo, que se negaba a convivir en paz con los “gentiles”, los árabes y los cristianos de todas las confesiones. Se puede afirmar que, a diferencia de las naciones que surgen en los siglos XIX y XX en Europa y otros continentes, el caso de Israel es el único que tiene como base, tres principios:

  • El retorno a la tierra prometida. No buscar integrarse en otras sociedades, sino instalarse en Palestina, un territorio en el cual vivían desde hace más de dos mil años los palestinos que profesaban el islam y eran mayoría, con cristianos y algunos judíos.
  • Considerar que el retorno a Palestina se inscribía en los dogmas judíos de la llegada del Mesías. De ahí su nombre, sionismo, que significa la reconstrucción del Templo de David, justo donde estaba: en el monte Sion.
  • La construcción del Gran Israel, que abarca desde el gran río del oriente, el Éufrates, hasta el gran río de occidente: El Nilo. Esta sería la gran tierra que le dio Jehová a Abraham cuando dejó Ur, al sur de Mesopotamia, abarcando los actuales territorios de Palestina, Siria, Líbano, Jordania, parte de Egipto, parte de Irak y parte de Arabia Saudita. Este es el primer paso para el dominio del mundo, hecho por “su dios Jehová”, solo para ellos, porque son el pueblo escogido. Los demás no tenemos derecho a vivir en este planeta.
A la izquierda: Un barrio residencial de Beirut, capital de Líbano, bombardeado por Israel. A la derecha: Un edificio en Tel Aviv, la principal ciudad de Israel alcanzada por misiles de Irán.

Esto explica la limpieza étnica que han desarrollado desde el principio, primero en Israel, y luego sus ataques a los países vecinos. En la Guerra de los Siete Días de 1967, se apoderaron de Sinaí, que tuvieron que devolver a Egipto luego de los acuerdos de Camp David, bajo la mediación del presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter. Han tomado el control de los Altos del Golán, territorio de Siria, que se niegan a devolver y están en plena limpieza étnica del sur de Líbano.

No son ellos las víctimas. Desde 1948, se han convertido en los victimarios de los pueblos árabes. No se asentaron para promover un estado donde convivan en paz todos los grupos étnicos, sino como ellos lo reclamaron desde el inicio: un estado para albergar exclusivamente a la nación judía, que, como toda nación, es una creación subjetiva.

¿Caminando al apocalipsis?

El actual conflicto en el Cercano y Medio Oriente ha avivado el discurso entre cristianos evangélicos y algunos sectores católicos sobre el cumplimiento del apocalipsis. De ahí su apoyo total de Israel —no solo al genocida de Netanyahu—, sino a todo el estado hebreo y, en sus reuniones de culto y en algunas iglesias católicas, se llama a rezar, no por los niños y mujeres de Gaza, los miles de iraníes asesinados, sino por “Israel, atacado por los infieles”, cuando es al revés: el que ataca es Israel, en una guerra asimétrica.

No estamos en un escenario bíblico, sino en una contienda geopolítica. Hay un cambio en el mundo con la irrupción de potencias medias que no aceptan seguir o convertirse en vasallos del hegemón: Estados Unidos. La conformación de los BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica han constituido una respuesta al grupo de 7 (EEUU, Inglaterra, Francia, Canadá, Italia, Japón y Alemania) que excluía a Rusia y China.

Estos cambios geopolíticos explican la respuesta de Rusia frente a los intentos de la OTAN de incorporar a Ucrania y cerrar completamente el acceso de Rusia al mar Negro, que Rusia calificó como una amenaza existencial, porque, al igual que Chechenia en la década del noventa, podrían generarse movimientos “nacionalistas” dentro de la Federación Rusa para balcanizar todo su territorio, tal como se proponía en el libro “El gran tablero mundial» (The Grand Chessboard), obra de Zbigniew Brzezinski, para que Estados Unidos controle Eurasia.

El gasoducto Nord Stream, que proveía de energía barata rusa a Alemania y de ahí a toda Europa. Destruida al inicio de la guerra de Ucrania para dañar la economía rusa y que destruyó la industria alemana. Fue un bumerán. Fuente: Infobae.

Los actuales conflictos deben entenderse dentro de esta lógica del hegemón: el control total de los recursos energéticos. El despegue de la Unión Europea bajo el liderazgo de Alemania, se cortó abruptamente con la guerra de Ucrania, las sanciones contra Rusia y el sabotaje del oleoducto de Nord Stream, que privó a Alemania del gas barato ruso que permitió el crecimiento de su industria. La guerra contra Irán tiene el mismo objetivo: el control energético del mundo por Estados Unidos, y en este proyecto, se incluye la invasión a Venezuela, el bombardeo a Caracas y el secuestro de Nicolás Maduro.

No estamos ante el “apocalipsis”. Estamos contemplando el final de un imperio, el norteamericano, que, en sus estertores, se vuelve más peligroso, porque tiene el poder nuclear: es el único país que ha lanzado dos bombas atómicas y tiene como presidente a un psicópata. Donald Trump y su aliado es Israel, gobernado por un genocida: Benjamín Netanyahu.

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