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El renacimiento de los Borgia | Opinión

Lalo Quiroz | El partero
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El Renacimiento italiano, significó un palpitante movimiento cultural, intelectual y artístico, que marcaría la transición entre la Edad Media y la Edad Moderna en Europa. Se iniciaría a finales del siglo XIV y se caracterizaría por un renovado interés en los valores clásicos de la Antigua Grecia y la Antigua Roma; asimismo, de la mano de filósofos como Francesco Petrarca y Giovanni Pico della Mirandola, surgiría el humanismo como una revolución intelectual que desplazaría el teocentrismo medieval por el antropocentrismo. En esa línea, aparecería el filósofo y fundador de la ciencia política moderna Niccolò di Bernardo dei Machiavelli (Nicolás Maquiavelo); quien, en su conocida obra El Príncipe, analizaría el comportamiento humano y el ejercicio del poder desde un enfoque realista y pragmático (“la razón de Estado”), alejado de la moral religiosa tradicional.

Sin embargo, el Renacimiento –del italiano rinascita, acuñado por el artista y escritor Giorgio Vasari para describir el renacer del arte y la recuperación de los valores clásicos— sería recordado hasta el día de hoy por su alusión al periodo de esplendor artístico en Italia. Y en donde, desde la pluma de Vasari, se colocaría en los pedestales de la historia del arte universal y se elevaría a la categoría de genios las figuras de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel Buonarroti y Rafael Sanzio; cuyos dones celestiales, gozarían del apoyo financiero del Vaticano y sobre todo del mecenazgo de familias ricas –una de ellas los Médici—, en épocas de bonanza económica de ciudades-estado independientes como Florencia y Venecia. En medio de este contexto, destacaría una de las familias más poderosas que sería conocida tanto por su mecenazgo de las artes como por su despiadada ambición, corrupción y crímenes: Los Borgia. Una polémica familia –cuyo apellido original era Borja— que, si bien pertenecería a la nobleza valenciana (Corona de Aragón); su origen español no le impediría alcanzar una inmensa influencia política y religiosa durante el Renacimiento italiano. Los Borgia serían recordados, preponderantemente, por tres integrantes de esta familia: Rodrigo, Cesare y Lucrezia.

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Rodrigo Borgia, estudiaría derecho y sería nombrado cardenal; nada menos que, por su tío Alfons Borgia, el Papa Callixtus III. Así, mientras ocupaba el cargo de cardenal, mantendría una relación ilícita con Vannozza dei Cattanei; con quien, tendría cuatro hijos: Giovanni, Cesare, Lucrezia y Gioffre. Sin embargo, no serían los únicos, también engendraría hijos en otras mujeres; incluida una hija, con su amante Giulia Farnese. En 1492, mientras Cristóbal Colón llegaba a la isla de Guanahaní, Rodrigo se convertiría –mediante la simonía— en el Papa Alejandro VI. En su nuevo cargo, como máxima autoridad de la Iglesia Católica, sería reconocido como un político y diplomático calificado –en 1493 emitiría las Bulas Alejandrinas, fundamentales en el Tratado de Tordesillas, para dividir los nuevos territorios invadidos en América entre España y Portugal—; sin embargo, también, sería ampliamente criticado por su gasto excesivo, venta de oficios de la Iglesia, lascivia y nepotismo. Es así que, trataría de adquirir más poder y riqueza personal y papal, a menudo ennobleciendo y enriqueciendo directamente a la familia Borgia. Es decir, por ejemplo, reconocería abiertamente a varios hijos ilegítimos —los más famosos son Cesare y Lucrezia— y les concedería tierras, riquezas y altos cargos políticos y religiosos para consolidar el poder familiar; del mismo modo, establecería alianzas estratégicas a través de matrimonios negociados entre sus hijos y los hijos de otras familias poderosas. Las pugnas entre el Papa Alejandro VI y su sucesor el Papa Julio II, generarían una serie de relatos –entre verdades y difamaciones— como la relación incestuosa del primero con su hija Lucrezia y las orgías en el Vaticano.

Por su parte, Cesare recibiría una esmerada educación y atención de su padre para ser untado como cardenal; y, del mismo modo, para convertirse en un brillante y despiadado líder militar y político que serviría como capitán general de los ejércitos papales. Su figura inspiraría el famoso tratado El Príncipe de Maquiavelo. Finalmente, la bella Lucrezia –quien sería retratada como una mujer malvada y cruel que llevaba un anillo con un agujero que contenía veneno—, sería utilizada repetidamente como peón de ajedrez en los matrimonios de conveniencia de su padre y hermano para asegurar alianzas, aunque en su madurez se destacaría como una devota mecenas de las artes y gobernante capaz en Ferrara. Así, entre argucias e intrigas, los Borgia afianzarían su poder y su riqueza desde sus cargos eclesiásticos; y, a través del mecenazgo dirigido a los artistas más renombrados, convertirían a Roma en un centro artístico importante del Renacimiento italiano. En sus reflexiones sobre las estrategias usadas por el poder, Maquiavelo escribiría: «Los hombres son tan simples, y tan inclinados a obedecer las necesidades del momento, que quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar».

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