12.9 C
Ayacucho
viernes, abril 12, 2024
- Publicidad -
InicioCOLUMNISTASA Ñ O R A N Z A S | Opinión

A Ñ O R A N Z A S | Opinión

Ernesto Camassi | Crónica
[email protected]

La marcha del tiempo, inexorable y cruel; se lleva nuestros recuerdos y todo lo que en nuestra vida hemos amado.

“Estos mis cabellicos maire / Uno a uno se los lleva el aire”

Cantaba este villancico de la Edad Media, “El demonio de los Andes” Francisco Carbajal viendo que sus soldados le abandonaban en la batalla de Jaquijahuana. Así, parafraseando a este cruel conquistador español, nos iremos “contando nuestros cabellicos”, al más allá, sin retorno “al más acá”.

Serenatas en Huamanga y serenateros | Opinión

Nuestra tierra, nuestra siempre añorada Huamanga, más por aquellos que migraron a otros lares. A ellos y a nosotros, se nos hace muy penoso recordar nuestras viejas calles, lugares comunes ahora inexistentes. Porque la modernidad con sus necesidades apremiantes, se lo llevaron. ¡pero no, de nuestros recuerdos!

¿Cómo olvidarnos de Jahuancalle donde el amoroso Helme no podía despertar de su sueño de muerte?

XVI Carnaval ayacuchano en Nazca| Opinión

¿De Tres Máscaras, donde una noche lóbrega dos espadachines se mataban por el honor de una dama?

Así; el huamanguino de todos los tiempos vivirá de la historia de su lar querido, ¡Huiña huiñaypaj!. ¡Para siempre!

¡Detalloso huamanguino,
Orgulloso ayacuchano,
Tunas jaita, atajo huicsa
Huallpa sua, huarmi gusto
Hasta la muerte!

“Todo tiempo pasado, fue mejor” es una moraleja que exalta el pasado, que todo lo vivido en otro tiempo siempre fue luminoso e incomparable. Sigamos soñando en esa etapa de nuestras vidas; “Que los sueños, sueños son”.

Que nuestra Plaza de Armas con su pileta de bronce llamado “Pascualito” y sus cuatro costados empedrados fue más bonito y romántico. Al fin y al cabo, todo ello es producto de nuestras añoranzas. Así como sus casonas y portales en ruinas ¿fueron más bonitos y elegantes como ahora?

Permítanme volver a mis recuerdos para contarles sobre algunas partes de nuestra Huamanga y soñar junto a Calderón de la Barca: “que los sueños, siguen siendo sueños”.

AVENIDA CENTENARIO:

Llamado así porque fue construido para el Centenario de la Batalla de Ayacucho, se extendía desde el óvalo “Augusto B, Leguía” hasta “Tejarpata”. Igualito que la Plaza de Armas, empedrado y con dos cintas de cemento por el medio de la calle, justito para las ruedas de los vehículos.

El frontis de la casa de los Parra Carreño y que abarcaba toda una manzana, daba al óvalo. La mansión tenía jardines y una extensa huerta. Adivinen, ¿Qué líquido elemento alimentaba esta propiedad? Si, acertaron, las aguas de la pileta de “Uray Parroquia” que fue el sistema de servicio para consumo humano anterior a la instalación del servicio de agua potable y alcantarillado.

Algo más sobre el carnaval huamanguino | Opinión

El agua que fluía de la Pila, solamente se interrumpía cuando alguien recogía en su porongo. Toda esa agua desperdiciada recorría por una canaleta hasta el aludido óvalo, para ingresar de ahí, a la propiedad de los Parra Carreño.

Uray Parroquia papa jatulla
Vicente Parralla amparochayuj
Amparochaiqui tucurjullaptin:
Mana mamayuj, mana taitayuj.

El huayno alude a uno de los hermanos Parra como protector de las vendedoras de papa en el Mercado de Abastos.

Avanzando de Este a Oeste, se llegaba a una pampa de regular tamaño, ocupado por gitanos que arribaban a Huamanga de “cuando en vez” así como por una “troupe” de cirqueros. Ahora, esa pampa es un mercado.

Continuaba la avenida y pasaba por el puente de La Magdalena y concluía en el cruce con Asamblea llamado tradicionalmente “Tejarpata”.

CARNAVAL HUAMANGUINO ANTAÑO Y HOGAÑO | Opinión

POZA DE QUICHCA JOCHA:

Señoras y señores, una poza es una concavidad o charca de agua estancada.

Para los muchachos de mi tiempo fue “una laguna”. En la estación de lluvias, en esa hondonada cuya ubicación quedaba más o menos a la altura de la Casa del Campesino. En ese entonces, sin urbanizaciones, solamente poblado de tunales, molles y hierba.

Fue el “balneario de los pobres”, nuestro balneario. Ni crean, también los “pituquitos huamanguinos” también lo frecuentaban. Llegábamos a pie jalando nuestro carrito o manejando una rueda, siempre compitiendo con los amigos, para ver quién llegaba primero. Pero, pero; cogiendo tunas para enfriarlo con las aguas de Quichca jocha.

Nos zambullíamos “jala siquis” (desnudos) sin horario porque era una poza que nadie controlaba y cobraba.

Criadores de trucha expuestos al peligro por intensas lluvias

Así pasábamos horas y horas, bañándonos y comiendo tunas. A cierta hora de la tarde, nos echábamos en las orillas de nuestro Quichca jocha para que el limo que se había impregnado en nuestro cuerpo se secara y limpiarnos con las manos. ¡Así de simple! No existían enfermedades cutáneas.

Que tiempos felices del siglo XX, a pesar de la Segunda Guerra Mundial y los levantamientos del APRA, los niños de entonces no lo notábamos porque las noticias por radio y televisión, estaban en pañales.

¡Adiós Quichca jocha, adiós recuerdos de niñez que ya se fueron y nunca volverán!

P.D. No comulgo con las nuevas grafías utilizadas por los “quechuólogos” actuales, por considerarlos complicados para los usuarios comunes y corrientes.

- Publicidad -
- Publicidad -
ARTÍCULOS RELACIONADOS

MÁS POPULAR

- Publicidad -
- Publicidad -