Oscorima contra sus electores | Editorial

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Editorial

Oscorima contra sus electores

No le pedimos al gobernador regional que se sume a la marcha del pueblo de Ayacucho que pode la renuncia de la presidenta Dina Boluarte, luego del asesinato de 10 ayacuchanos el 15 de diciembre. Pero reunirse con ella y mostrar ambos un rostro sonriente, es una bofetada al dolor de los deudos de los que murieron ese 15 de diciembre de 2022.

El pragmatismo no llega a ese nivel. Las cosas hay que decirlas con claridad. La señora Dina Boluarte, como presidenta del Perú, tiene responsabilidad política de las 52 muertes que se han registrado hasta el momento, en este clima de convulsión social que se inicio el 7 de diciembre, con la vacancia de Pedro Castillo y a asunción del cargo de presidenta por Dina Boluarte.

El gobernador regional esta preocupado por conseguir recursos para obras en Ayacucho. Pero, no debe olvidar que una de sus principales obligaciones, es conseguir que se respete la vida, que no tiene precio, como un mueble, porque son pérdidas irreparables. Y, el, cómo gobernador, debería mantener una prudente distancia con la responsable política de las muertes ocurridas en nuestra ciudad.

El resultado ha sido evidente. No han pasado ni veinte días desde que asumió la gobernación regional, y la muchedumbre que participó en la marcha de protesta pidiendo la renuncia a la presidencia de Dina Boluarte, lanzo arengas contra Wilfredo Oscorima, que lo deslegitimizan como un gobernador de los ayacuchanos.

En política, los gestos son importantes. No todo es sonreír. Hay momentos en que es necesario mostrar el rechazo a ciertos actos que dañan a las personas. Y en el caso concreto de Ayacucho, y reafirmado en todas sus declaraciones, la presidenta Dina Boluarte no ha asumido su responsabilidad de las muertes que han ocurrido en sus pocos días de gobierno.

La crisis política que afecta al país no da visos de solución. El gobernador regional debería ir pensando en como recuperar al electorado que ve, en sus poses sonrientes con la presidenta, que no le interesa la situación ni el dolor de las familias ayacuchanos que han perdido a un ser querido.

Sería bueno, con el pragmatismo que hace gala, valorar el costo político que significa su cercanía con una presidenta cuestionada por la ciudadanía. Hay sumas que restan, y es el caso de las buenas relaciones con un ejecutivo que tiene responsabilidad política de la muerte de ciudadanos de Ayacucho, durante una movilización popular.

 

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Modificado por última vez en Viernes, 20/01/2023

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