José Carlos y José María | Editorial

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Editorial

José Carlos y José María

El discurso de José María Arguedas al recibir el premio Inca Garcilaso de la Vega en 1968, es una lectura obligatoria para poder entendernos entre los

peruanos, y entendernos nosotros mismos, justo en momentos en que, la crisis política que atraviesa el país, nos vuelve la mirada hacia quienes se esforzaron en construir desde una perspectiva política, la nación peruana.

Los siete ensayos de Mariátegui y en especial el ensayo dedicado al problema del indio, fue fundamental para Arguedas, quien venía de un mundo “al que fue arrojado cuando era muy niño, y donde encontró el calor que le permitió entender la vida”.

Y, señaló con claridad, lo que era ese pueblo, justo un año antes de la reforma agraria: “la sabiduría de un pueblo al que se consideraba degenerado, debilitado o “extraño” e “impenetrable” pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo, oprimido por el desprecio social, la dominación política y la explotación económica en el propio suelo donde realizó hazañas por las que la historia lo consideró como un gran pueblo”.

¿Ha cambiado la mirada de la élite limeña y los medios sobre la población rural peruana? No. Los medios capitalinos, y en especial en las redes sociales, se ha tratado a los hombres y mujeres del sur en términos peyorativos, calificándolos casi de salvajes. Hoy tienen la tierra, pero siguen sin gozar de los derechos que tienen otros, peruanos como ellos, que se han enriquecido incluso con la explotación de recursos que estaban bajo las praderas donde criaban su ganado.

La tierra los ha hecho libres a los hombres del mundo rural. Ya no pesa sobre ellos la servidumbre a que estaban sometidos, que describió con toda su crudeza Arguedas en los Ríos Profundos. Pero de la riqueza que gozó el país en la época de los altos precios del cobre y del oro, no ha llegado casi nada a ellos. Para usar el lenguaje de economistas tipo Toledo, no “chorreo” nada a favor de las comunidades campesinas.

Desde hace dos días están en Lima, para hacerse visibles en una ciudad, poblada en gran parte por gente que proviene, igual que ellos, de las zonas rurales. Y han encontrado en la ciudad el apoyo de paisanos, aun cuando, las élites políticas los miran con desprecio e indiferencia.

¿Hasta cuándo van a permanecer en Lima? No lo sabemos. La experiencia nos recuerda a los mineros del siglo pasado, que realizaban largas marchas de sacrificio con sus esposas e hijos y tomaban la avenida Salaverry, frente al Ministerio de Trabajo, para discutir su pliego de reclamos con la patronal. Y, estaban semanas e incluso meses, con sus esposas cocinando en ollas comunes, apoyados por la solidaridad de gente trabajadora y humilde, como ellos, que viven en los conos de Lima.

 

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Modificado por última vez en Sábado, 21/01/2023

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