Carnaval y Política, donde el humor expone todas las protestas contenidas | Editorial

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Carnaval y Política, donde el humor expone todas las protestas contenida

La ironía es un elemento importante, cuando esta ingresa al tema político. Las caricaturas es la mejor muestra de ello, y basta ver la de Carlín el día sábado 21, para explicar los efectos de las medidas dictadas y el discurso de la presidenta Dina Boluarte en estos momentos de convulsión social y política.

Pero también está en el carnaval, especialmente en los auténticos, como el de Ayacucho, donde durante las carnestolendas, desde la proclama, hasta el testamento del Rey Momo, siempre ha primado la ironía y las críticas al gobierno, nacional, regional o local.

Por eso se aceptan todas estas manifestaciones del humor, porque están autorizadas por quien gobierna desde el sábado cuando entra el Ño Carnavalón, hasta el miércoles de ceniza, que es quemado, como en los tribunales de la Santa inquisición, por pecador y blasfemo.

Es vieja esa canción, que durante el gobierno militar retumbara en carnavales, que decía así: “esta democracia es una desgracia, hasta los cachacos ahora nos gobiernan”. Y se cantaba a todo pulmón, y era festejado por las comparsas y los espectadores.

Han pasado los años, y ahora, en este febrero que se acerca, las canciones del carnaval ya se están preparando, para criticar, entre mofa y verdad, a la presidenta Dina Boluarte, y los actos realizados durante su gobierno, que han causado, directa o indirectamente, casi 60 muertos en lo que va de su gestión.

Parece que, en medio del dolor de los deudos por la pérdida de sus familiares, que en Ayacucho fueron 10, hay espacio para protestar de manera directa, a través de las canciones del carnaval y decirle, a los gobernantes, las verdades que sienten frente a lo que consideran repudiable.

¿Es una falta de respeto al dolor de los deudos? Algunas voces proponían incluso que no haya carnavales en señal de duelo, pero viéndolo con serenidad, son válvulas de escape, de la ira contenida, del clamor no escuchado, de la protesta no atendida.

Duele, pero hay que reconocerlo. En medio de las fiestas del carnaval, el pueblo puede decirle a quienes gobiernan, lo que realmente sienten, la imagen que ellos representan. No olvidemos, que la sabiduría proviene del pueblo y vuelve a él.

Así, como hay fuerzas para resistir un gobierno, sacan fuerzas para decirle, en medio de canciones, burlándose de su orden y su mandato y obedeciendo al Ño Carnavalón, a la presidenta del Perú, que no la reconocen, y enrostrarle, que tiene las manos manchadas de sangre.

 

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Modificado por última vez en Lunes, 23/01/2023

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