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martes, julio 16, 2024
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El orden multipolar y los Emiratos Árabes Unidos II | Opinión

Ascencio Canchari | Figuras y aspectos de la vida mundial
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… ADIA y Mubadala también han estado sosteniendo lo que ahora es posiblemente el pilar institucional clave del sistema financiero estadounidense: la gestión de activos. ADIA confía el 45% de su capital a Blackrock y otros gestores de fondos, mientras que Mubadala conserva una participación patrimonial nada desdeñable en esta sociedad de inversión. En el marco de la “Partnership for Accelerating Clean Energy” instituida por el gobierno de Biden, la empresa de gestión de activos de la familia Al Nahyan se ha comprometido a realizar inversiones ecológicas por valor de 30 mil millones de dólares, que gestionará conjuntamente con Blackrock. Con el arrendamiento a largo plazo de terrenos forestales en Liberia, Kenia, Tanzania, Zambia y Zimbabue, los EAU han desempeñado un papel clave en los mercados emergentes de créditos de carbono, contribuyendo así a fortalecer la absurda estrategia seguida por Washington de paliar el cambio climático mediante derisking, esto es, propiciando la reasignación, la socialización o la reducción de los riesgos asociales con la inversión en el clima.

El orden multipolar y los Emiratos Árabes Unidos I | Opinión

Un beneficio similar para el imperio estadounidense es la red de comercio marítimo que los EAU han creado a través de DP World y AD Ports Group, empresas públicas dirigidas por Dubai y Abu Dhabi respectivamente. Su función es dirigir una parte cada vez mayor del comercio mundial a través de megapuertos de propiedad emiratí, facilitar acuerdos de seguridad con países socios/clientes y adquirir espacios desde los que los EAU puedan lanzar operaciones militares, como cuando los Emiratos atacaron Yemen desde un puerto de DP World en Eritrea. Las empresas emiratos construyen y gestionan “zonas francas” alrededor de sus puertos, que operan con total independencia de las respectivas legislaciones laborales nacionales y suavizan las fricciones logísticas derivadas de la intersección de las actividades comerciales chinas, indias y estadounidenses.

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Gracias a estas zonas, los mercados del Cuerno de África, antes poco vinculados con los circuitos de la economía mundial, se hallan ahora plenamente integrados en la misma. De este modo, los EAU proporcionan a otros Estados -principalmente a Estados Unidos- espacios para absorber su capital de exportación y para promover sus intereses geoestratégicos. A cambio de todo ello, extrae rentas de una gran parte del comercio mundial. Su control de sedes logísticas clave se extenderá ahora a los océanos Índico y Pacífico, gracias a las recientes adquisiciones de puertos en Pakistán, India e Indonesia.

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El capital global también se beneficia de la estructura de propiedad estatal -o, más exactamente, de propiedad de las diversas casas reales- de la economía de los EAU. La idiosincrasia del sistema puede en ocasiones transgredir los principios de la libre competencia o del gobierno corporativo. El First Abu Dhabi Bank, presidido por el jeque Tahnoun y propiedad mayoritaria de Mubadala y la familia real, ha concedido a su alteza real y a otros miembros del consejo más de 3 mil millones de dólares en préstamos. Tahnoun, que preside instituciones públicas y privadas con activos totales por valor de más de 1,5 billones de dólares, ha utilizado su dominio de los recursos públicos y sus poderes reguladores para impulsar su International Holding Company, una entidad privada propiedad de la familia Al Nahyan, desde la más absoluta oscuridad hasta una capitalización bursátil superior a la de Goldman Sachs y ellos en el espacio de unos pocos años. Sin embargo, al margen de estos excesos, los Al Nahyan, junto con la familia gobernante de Dubai, Al Maktoum, han sido muy elogiados por su gestión económica y su apertura a la inversión extranjera. Suelen ser los primeros en asumir riesgos en la región de Oriente Próximo y en el Norte de África, abriendo el camino para que los operadores de Londres y Nueva York se hagan con operaciones más suculentas.

Al aliviar las tensiones de la balanza de pagos de Egipto mediante una inversión de 35 mil millones de dólares durante el pasado mes de febrero, ADQ permitió a los gestores de bonos occidentales regresar con seguridad al país y cobrar enormes intereses de su deuda soberana. El capitalismo de Estado de los EAU puede servir, pues, de instrumento para que los inversores gestionen más cómodamente las tensiones ligadas al ascenso de nuevos actores en el seno de las estructuras de la globalización contemporánea.

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Así pues, evaluada en su conjunto la devoción de los EAU por el imperio del capital es pura, aunque su relación con Washington presente algunos signos de fractura superficial. Los emiratíes saben que el dominio estadounidense se sustenta no sólo en el poderío militar, sino también en la libre circulación de capitales, la gestión de las jerarquías laborales y comerciales, el privilegio exorbitante del dólar y la disponibilidad de paraísos fiscales. Los EAU defienden estos principios en todos sus acuerdos comerciales, incluidos los que estipulan con Rusia, China e Irán. Por el contrario, parte de la clase política estadounidense está dispuesta a ponerlos en peligro mediante guerras comerciales autodestructivas y el uso agresivo y brutal del sistema financiero mundial. La aparente divergencia entre los EAU y Estados Unidos no es tanto el resultado de un guardián imperial que se ha rebelado como el de un emperador que ya no es capaz de discernir, y mucho menos de honrar, sus mejores intereses.

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Desde la Primavera Árabe, los EAU ya no ven a Estados Unidos como un protector fiable: un escepticismo que se ha visto alimentado por la respuesta indiferente de Biden a los ataques tanto de los hutíes contra territorio emiratí, como de los iraníes contra diversos buques petroleros. Aun así, al mantener estrechas relaciones con determinadas fracciones del capital estadounidense -el sector financiero en particular-, las elites emiratíes esperan preservar su posición en la matriz imperial: una posición que les permita aumentar su riqueza, consolidar su poder y obstruir la posibilidad de que se produzca cualquier tipo de cambio social en sus países. Mientras Washington sigue reestructurando su imperio, cosa que continuará haciendo durante los próximos años, los EAU explotarán esta transición jugando con todos los bandos en su propio beneficio material y estratégico sin dejar de trabajar para preservar la hegemonía ilimitada del capital global. Es posible que ello provoque fracturas entre Estados Unidos y su adjunto, lo cual podría crear oportunidades para una política de democratización y redistribución.

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