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viernes, abril 12, 2024
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Se desbarranca la seguridad ciudadana| Editorial

Preocupados, el alcalde y los funcionarios municipales, por la presencia de jóvenes turistas que pueden llegar -si es que llegan- el sábado de gloria para participar en el Pascua Toro, que ha sido proscrita y trasladada al distrito de Carmen Alto, no se interesan por el avance de la criminalidad en la ciudad.

Los delincuentes han encontrado en el secuestro y sicariato, una forma de hacerse sentir en la ciudad, atacando a ciudadanos trabajadores, y exigiendo a sus familiares el pago de cupos millonarios. Este es el caso de un joven empresario, dueño de una mecánica, secuestrado el pasado 20 de este mes.

El monto que solicitan son dos millones de soles. Han mandado un video a la familia, donde muestran como lo están torturando, para que cumplan con el monto solicitado por los criminales, cuyas imágenes se perciben en una cámara de seguridad que captó el preciso momento del secuestro.

Las autoridades, desinformadas totalmente, no dicen nada sobre este problema de seguridad, que no compete únicamente a la policía, sino que es una tarea compartida con la autoridad política local, es decir el alcalde de la provincia, y a nivel regional, del gobernador.

Hay regiones en el Perú, en estos tiempos, que el estado ha sido superado por la delincuencia, que es la que ofrece protección y seguridad a comerciantes, mototaxistas, comerciantes ambulantes e incluso a propietarios, para que no atenten contra las personas o sus propiedades.

Ante la desprotección de parte del estado, estas poblaciones se someten, porque saben que, si no lo hacen, las bandas criminales los atacarán, destruirán sus equipos, sus viviendas e incluso pueden hasta secuestrar a uno de los miembros de la familia.

¿Queremos eso para Ayacucho? Indiscutiblemente, no. ¿Hacen algo las autoridades para que esto no suceda? Nuevamente él no es rotundo. La seguridad ciudadana que debería ser el tema uno de la gestión municipal, es relegado al último lugar, y están más interesados en otras cosas, como impedir el ingreso a la plaza mayor de las arascascas y las bandas de músicos.

La anomia social, término de la sociología funcionalista es aplicable en este momento para explicar que sucede en el Perú, y de manera especial en Ayacucho. No sabemos y no queremos saber hacia dónde vamos, y en estas condiciones, normas, leyes, acuerdos, valores, principios, todo se lanza al estercolero, y sólo queda el individualismo perverso: “Con que, a mí, no me pase nada, que los demás se mueran”.

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