La pobreza urbana ha crecido silenciosamente, pasando del 40 % antes de la pandemia a representar hoy la mitad del total.
Ayacucho sigue entre las regiones más pobres del país, incluso tras una leve mejora en las cifras oficiales.
En 2024 la pobreza se redujo a 32.8 %, según el Instituto Peruano de Economía (IPE), lo que representa una caída frente al 39.4 % de 2023. Sin embargo, la realidad es evidente: más de un tercio de los ayacuchanos aún no cuenta con ingresos suficientes para adquirir la canasta básica.
Aunque la reducción significa que unas 42 mil personas salieron de la pobreza prepandemia, Ayacucho sigue siendo la séptima región con mayor pobreza. Con 32.8 % de hogares en pobreza, la región está por encima de Apurímac (24 %) y Cusco (18.5 %).
El crecimiento económico regional (4.3 % en 2024) fue impulsado por la agricultura, con aumentos en la producción de papa, quinua, maíz y alfalfa, y por el dinamismo del sector construcción, favorecido por mayor inversión pública. No obstante, el progreso no ha alcanzado a todos: la pobreza urbana aumentó para representar el 50 % del total, 26.5 % en áreas urbanas y 42.8 % en rural, lo que refleja el endurecimiento de la exclusión incluso en ciudades.
Además, la pobreza extrema afecta al 9.1 % de la población, sobreviviendo con menos de S/ 228 al mes, una cifra que aún se mantiene por encima del 7.8 % de 2019.
En paralelo, la construcción de una clase media sólida sigue siendo un reto pendiente. Apenas el 18.6 % de los ayacuchanos alcanza ese nivel, una de las tasas más bajas del país.
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El panorama social se agrava al considerar el marco de desigualdad regional y de género. Ayacucho figura entre las diez regiones con mayores brechas de género, retrocediendo en acceso al empleo adecuado, salud y representatividad política. Esto implica que muchas mujeres enfrentan barreras adicionales para salir de la pobreza. La urbanización acelerada, más del 79% de peruanos vive en ciudades, también impacta en Ayacucho, donde la migración campo-ciudad estrecha los márgenes de maniobra de una problemática que ya no es solo rural.
El IPE advierte que, bajo un crecimiento nacional del 3 % anual, volver a niveles de pobreza prepandemia podría tardar entre 10 y 20 años, a menos que se impulse con urgencia inversión privada, empleo formal y adaptación de políticas sociales a la nueva realidad urbana.
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