El Lugar de la Memoria, era un lugar, valga la redundancia, donde se rendía homenaje a los hombres y mujeres que fueron víctimas del periodo más doloroso de nuestra historia: el conflicto armado interno, iniciado por Sendero Luminoso, que le declaró la guerra al Estado Peruano.
Porque los hombres y mujeres que murieron enfrentándose a Sendero Luminoso, merecen tenerlos siempre presentes. Fueron hombres y mujeres humildes, que formaron sus rondas campesinas, y con las púnicas armas a su alcance; sus herramientas de trabajo, lograron expulsar de sus comunidades a los seguidores de Abimael Guzmán.
El Lugar de la Memoria es también para reconocer el trabajo de los soldados y oficiales que entregaron su vida defendiendo el Perú, enfrentando a un enemigo que se escondía entre la población campesina y urbano marginal, que fue la gran víctima de un psicópata que se creía la Cuarta Espada: Abimael Guzmán.
Pero, eso no significa que no se condene las violaciones a los derechos humanos cometidos por agentes del Estado, que cometieron crímenes de lesa humanidad como detenciones arbitrarias, torturas y lo más condenable, desaparición forzada de personas. Hasta hoy se desconoce el paradero de miles de peruanos que fueron detenidos por las fuerzas del orden o secuestrados por Sendero Luminoso para utilizarlos en sus actos terroristas.
Es condenable que se clausure el Lugar de la Memoria bajo el pretexto de no contar con los certificados de seguridad en edificaciones del recinto, que se dio a conocer mediante la subgerencia de Gestión de Riesgo de Desastres de la municipalidad de Miraflores, cuyo alcalde Carlos Canales, es militante de Renovación Popular.
El Museo de la Memoria ha sido estigmatizado por la derecha bruta y achorada peruana, que tiene componentes fascistas y neonazis en sus argumentos. No extraña que esta medida se de, luego de que el alcalde de Lima Rafael López Aliaga, en el discurso que dio cuando Canales asumió la alcaldía de Miraflores señalara que el Lugar de la Memoria da una información falsa sobre conflicto armado interno ocurrido entre lo s años 1980 al 2000.
“Basta ya de estos museos de la memoria y reconciliación que no tienen nada de memoria ni de reconciliación” fue la frase de López Aliaga, y parece que el alcalde de Miraflores, obediente a la “voz del amo”, a dispuesto la clausura de este lugar.



