El Perú cierra 2024 con un sabor agridulce. Tras la contracción del 0,55% registrada en 2023 —marcada por el fenómeno El Niño, conflictos sociales y una incertidumbre política que paralizó inversiones— la economía peruana logró recuperar impulso alcanzando un crecimiento del 3,3% durante el año que termina. Sin embargo, esta recuperación tiene matices importantes: se trató más de un efecto rebote que de un verdadero despegue estructural.
La inflación, que llegó a ser el dolor de cabeza de las familias peruanas en años recientes, finalmente cedió. Cerró en 1,90% a nivel nacional durante 2024, posicionando al Perú como uno de los pocos países del mundo con inflación cercana al 2%, incluso por debajo de economías desarrolladas como la Eurozona (2,3%) o Estados Unidos (2,7%). Este logro permitió al Banco Central de Reserva mantener nueve meses consecutivos dentro del rango meta, dando espacio para recortes graduales en las tasas de interés y aliviando parcialmente el costo del crédito.
Pero ¿qué significa todo esto para el peruano de a pie? ¿Cómo impactan estas cifras macroeconómicas en la familia limeña que paga la luz, el trabajador de provincia que busca crédito para su negocio, o el empresario que decide si invierte o espera? Las proyecciones para 2025 son moderadamente optimistas: se espera un crecimiento entre 3,5% y 4%, aunque con riesgos externos considerables derivados de tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. Entender estas dinámicas es fundamental, porque detrás de cada punto porcentual del PBI hay empleos, precios de alimentos, acceso a financiamiento y, en última instancia, la calidad de vida de millones de peruanos.
Crecimiento y sectores clave en 2024–2025: Los motores que tiran (o frenan) la economía
El crecimiento del 3,3% en 2024 tuvo varios impulsores. El consumo privado —que representa el 62,1% del PBI— se expandió 3,5%, beneficiado por la normalización del clima, una inflación controlada y, de forma controvertida, los retiros de fondos de las AFP que inyectaron liquidez extraordinaria al mercado. Este efecto, sin embargo, no se repetirá en 2025, lo que hace que las proyecciones para el año entrante sean más conservadoras.
En el sector minero, el panorama es mixto. Si bien el cobre sigue siendo el rey indiscutible de las exportaciones —representando casi el 30% del total de envíos al exterior— la producción mostró tropiezos importantes. En noviembre de 2024, la producción cuprífera cayó 4,6% interanual, debido principalmente a menores leyes de mineral en operaciones clave como Anglo American Quellaveco y una caída del 31,1% en la producción de Antamina. A pesar de esto, las exportaciones mineras cerraron el año en niveles récord: USD 47.701 millones, un incremento del 11,5% respecto a 2023, impulsadas por precios favorables del cobre que se mantuvieron por encima de USD 4 la libra durante gran parte del año.
China continúa siendo el comprador dominante, absorbiendo el 76,1% del cobre peruano. Esta dependencia es un arma de doble filo: cuando la economía china desacelera o enfrenta problemas en su sector inmobiliario, el Perú siente el impacto de inmediato. Para 2025, la proyección de crecimiento minero es del 2,5%, condicionada al inicio de nuevos proyectos que han estado demorados por trabas burocráticas y conflictos sociales.
El sector agropecuario experimentó un repunte del 4,9% en 2024, recuperándose de los desastres climáticos del año anterior. La normalización de las condiciones meteorológicas permitió que cultivos tradicionales y exportaciones no tradicionales —como arándanos, paltas y espárragos— volvieran a niveles competitivos. Sin embargo, este sector enfrenta vulnerabilidades estructurales: infraestructura de riego deficiente, escasa tecnificación en muchas zonas y alta exposición a fenómenos climáticos.
La construcción, históricamente uno de los sectores más dinámicos, apenas mostró señales tímidas de recuperación en 2024. La inversión privada creció solo 2,3% durante el año, frenada por la incertidumbre política que paraliza decisiones de largo plazo. Para 2025, el gobierno ha apostado por impulsar Asociaciones Público-Privadas (APP), obras por impuestos y proyectos priorizados de infraestructura. El desafío será pasar del anuncio a la ejecución real.
En cuanto a las pequeñas y medianas empresas (pymes), que emplean al 80% de la fuerza laboral peruana, la realidad es compleja. Si bien algunas se han beneficiado de plataformas digitales de financiamiento (fintech de préstamos y factoring), muchas continúan enfrentando barreras al acceso al crédito formal. La tasa de expansión del crédito al sector privado fue apenas del 0,8% en julio de 2024, mostrando una recuperación lenta desde los mínimos del año anterior.
Inflación, empleo y costo de vida: Lo que realmente importa en la mesa familiar
Las cifras macroeconómicas se traducen en realidades concretas cada vez que una familia peruana llega al mercado o al supermercado. La inflación de 1,90% en 2024 es, sin duda, una buena noticia, especialmente comparada con el 3,41% del año anterior. Dentro de esta cifra general, los alimentos y bebidas no alcohólicas —el rubro que más pesa en el presupuesto familiar— subieron apenas 0,59%, un alivio considerable frente a años previos.
Sin embargo, no todo fue color de rosa. La educación se encareció 4,89%, reflejando la presión inflacionaria en servicios esenciales. Los servicios de alojamiento, agua, electricidad y gas subieron 2,79%, impactando directamente en el bolsillo de millones de hogares. Para 2025, la proyección oficial estima que la inflación se mantendrá en torno al 2%, dentro del rango meta del BCRP (1%-3%), lo que debería preservar el poder adquisitivo.
El mercado laboral mostró mejoras modestas. Durante 2024 se crearon en promedio 165.000 empleos mensuales, una cifra inferior al promedio de 216.000 en 2023. La mayoría de estos empleos se concentraron en servicios y comercio, sectores donde predomina la informalidad. En los primeros dos meses de 2025, la creación de empleo se desaceleró aún más, con apenas 150.000 puestos mensuales, encendiendo alertas sobre el dinamismo del mercado laboral.
El salario mínimo aumentó a S/ 1.130 desde enero de 2025, un incremento de S/ 105 respecto al anterior nivel de S/ 1.025. Este ajuste busca compensar parcialmente la erosión del poder adquisitivo, aunque economistas advierten que aumentos desvinculados de la productividad pueden generar efectos contraproducentes en la formalización del empleo.
El acceso al crédito sigue siendo una barrera importante. Aunque las tasas de interés han comenzado a bajar gradualmente —el BCRP redujo su tasa de referencia desde el 5,75% en que se encontraba— las tasas que enfrentan las familias y pequeños negocios siguen siendo elevadas. El crédito al sector privado apenas creció 0,8% interanual en la primera mitad de 2024, reflejando tanto la cautela de los bancos como la debilidad de la demanda.
Para muchas familias, especialmente aquellas en los segmentos C y D, la percepción es que la economía no ha mejorado tanto como indican las estadísticas. Una encuesta de Ipsos reveló que el 47% de peruanos conectados indica tener dificultades económicas actualmente, y el 64% cree que el desempleo aumentará el próximo año. Esta brecha entre cifras macroeconómicas y percepción ciudadana es un desafío que las autoridades no deben subestimar.
Tendencias globales que afectan al Perú: Los vientos externos que pueden desviar el rumbo
El Perú es una economía pequeña y abierta al comercio internacional. Aproximadamente el 60% de la variabilidad de su crecimiento en los últimos 15 años se explica por choques externos. En ese contexto, varios factores globales condicionan fuertemente las perspectivas para 2025.
El precio del cobre es, quizás, la variable externa más determinante. Durante 2024, el metal rojo se mantuvo por encima de los USD 4 por libra, niveles que no se veían desde el superciclo de commodities de 2004-2013. Esta cotización favorable se debe, en parte, al rol creciente del cobre en la transición energética global: vehículos eléctricos, paneles solares, redes de transmisión y sistemas de almacenamiento de energía requieren cantidades masivas del metal. Sin embargo, para 2025, la proyección es de cierta estabilización en los términos de intercambio, con riesgos a la baja si la economía china se desacelera más de lo esperado o si la demanda global se enfría.
Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China representan el principal riesgo externo. La posibilidad de nuevas guerras arancelarias podría afectar tanto a las exportaciones peruanas directas a esos mercados como a las cadenas globales de suministro. En un escenario adverso, la demanda china de cobre podría caer significativamente, arrastrando precios a la baja y afectando los ingresos fiscales del Perú.
El sector turismo, que mostró señales de recuperación en 2024 con un incremento en la llegada de visitantes extranjeros, podría verse beneficiado por la normalización del transporte aéreo y los costos de fletes marítimos. Las remesas provenientes de peruanos en el exterior —principalmente en Estados Unidos— continuaron creciendo, impulsadas por el buen desempeño del mercado laboral estadounidense. Sin embargo, cualquier deterioro en las condiciones de empleo en Estados Unidos impactaría directamente en este flujo de divisas que es vital para muchas familias peruanas.
La política monetaria global también juega un rol. La Reserva Federal de Estados Unidos comenzó su ciclo de recortes de tasas, lo que reduce la presión sobre las monedas emergentes. En América Latina, Brasil aumentó sus tasas de interés 100 puntos básicos en respuesta a presiones inflacionarias y depreciación del real, mientras que Colombia, México y Perú redujeron las suyas. Esta divergencia refleja realidades económicas distintas y podría afectar los flujos de capital hacia la región.
Innovación, digitalización y economía regional: La transformación silenciosa que está en marcha
Mientras los titulares se concentran en el PBI y la inflación, una revolución silenciosa está transformando la economía peruana: la digitalización. El sector fintech —empresas que combinan finanzas y tecnología— creció de manera explosiva. De 154 fintechs en 2022, el ecosistema se expandió a 237 empresas registradas a fines de 2024, según EY Law. Los verticales dominantes son pagos y transferencias, préstamos, y cambio de divisas.
Las billeteras digitales experimentaron un auge notable. A marzo de 2024, se registraron más de 347 millones de operaciones mensuales entre billeteras, un incremento del 113% respecto al mismo período de 2023. El Banco Central de Reserva implementó un ambicioso Plan de Interoperabilidad que permite transferencias entre Yape, Plin y aplicativos bancarios, eliminando las barreras que fragmentaban el ecosistema digital. Esta interoperabilidad comenzó en marzo de 2023 y ha continuado expandiéndose en fases sucesivas, incluyendo códigos QR y, eventualmente, dinero electrónico.
Los pagos digitales alcanzaron 442 operaciones per cápita en 2024, más de una transacción diaria por adulto. Esto representa un cambio cultural profundo en un país donde históricamente predominó el efectivo. Las conexiones de fibra óptica representan ya el 61,96% del total de conexiones a internet fijas, facilitando el comercio electrónico y el teletrabajo.
Para las pymes, estas tecnologías representan oportunidades reales. Plataformas de factoring digital permiten a pequeños negocios convertir sus facturas en efectivo inmediato, sin los trámites burocráticos de la banca tradicional. Soluciones de «compra ahora, paga después» (BNPL) están comenzando a ganar tracción, ofreciendo alternativas a las tarjetas de crédito convencionales.
Sin embargo, este ecosistema digital también presenta desafíos. La seguridad cibernética es una preocupación creciente. Casos de fraude y estafas digitales han aumentado, y la confianza del usuario —el activo más valioso para cualquier fintech— puede evaporarse rápidamente ante brechas de seguridad. Además, la regulación avanza a un ritmo más lento que la innovación, creando zonas grises que generan incertidumbre.
El ecosistema digital no se limita a finanzas. Portales de comercio electrónico, plataformas de delivery, servicios de streaming y diversas aplicaciones de economía colaborativa están redefiniendo cómo los peruanos consumen, trabajan y se relacionan. En este contexto de expansión digital, emergen constantemente nuevas plataformas especializadas que buscan atender nichos específicos. Por ejemplo, recursos informativos como apuestasextranjeras.net forman parte del ecosistema web internacional que diversos usuarios consultan al navegar en búsqueda de información comparativa sobre servicios digitales en diferentes mercados. Este tipo de portales especializados reflejan cómo la digitalización ha creado una infraestructura de información cada vez más accesible para los consumidores que buscan tomar decisiones informadas en el entorno digital.
A nivel regional, la digitalización está permitiendo que zonas tradicionalmente excluidas accedan a servicios financieros. En regiones como Loreto, Ucayali o Madre de Dios, donde la infraestructura bancaria tradicional es limitada, las billeteras digitales y los agentes corresponsales están llevando servicios financieros básicos a comunidades que nunca habían tenido acceso a ellos. Este fenómeno tiene un potencial enorme para la inclusión financiera y el desarrollo económico de las regiones más postergadas del país.
Perspectivas para 2025 y escenarios posibles: Entre la esperanza cautelosa y los riesgos latentes
Las proyecciones oficiales del Ministerio de Economía y Finanzas estiman que el PBI peruano crecerá entre 3,5% y 4% en 2025, mientras que organismos internacionales como el FMI y la OCDE proyectan cifras similares en torno al 2,8%-3,7%. Estas estimaciones se basan en varios supuestos clave: condiciones climáticas normales, inicio de proyectos mineros y de infraestructura postergados, y un entorno político relativamente estable que no ahuyente inversiones.
- Escenario optimista (crecimiento cercano al 4%): En este escenario, el Perú capitaliza varios factores favorables. Los precios del cobre se mantienen elevados por encima de USD 4 la libra, impulsados por la demanda de la transición energética. La economía china logra estabilizarse sin desaceleraciones bruscas. A nivel doméstico, el gobierno logra destrabar los principales proyectos de infraestructura y minería que han estado paralizados, generando dinamismo en construcción e inversión privada. La confianza empresarial mejora gradualmente, traducida en mayor contratación y expansión de negocios. Las familias, sin el efecto extraordinario de los retiros de AFP, mantienen su consumo gracias a ingresos reales en recuperación y una inflación contenida. En este contexto favorable, el mercado laboral se fortalece, creando más de 200.000 empleos mensuales, y la tasa de pobreza disminuye. Para la clase media, esto significaría acceso más fácil al crédito hipotecario y automotriz, así como mayor capacidad de ahorro. Para los emprendedores y pymes, un entorno de mayor certidumbre facilitaría decisiones de inversión y expansión.
- Escenario base (crecimiento entre 3% y 3,5%): Este es el escenario que asumen la mayoría de las instituciones y representa una continuidad prudente de la recuperación de 2024. Los precios de materias primas se estabilizan en niveles moderados sin grandes sobresaltos. La inversión privada se recupera, pero de manera gradual y desigual entre sectores. Algunos proyectos mineros entran en operación, otros siguen retrasados. El consumo privado crece, pero sin el impulso extraordinario de años previos. La incertidumbre política persiste en el fondo, limitando apuestas de largo plazo. En este contexto, el mercado laboral avanza lentamente, con creación de empleo en torno a 150.000-180.000 puestos mensuales, concentrados en sectores de servicios y comercio. Para las familias, esto implica un escenario de «seguir tirando»: no hay grandes mejoras en el nivel de vida, pero tampoco retrocesos dramáticos. La inflación controlada ayuda a preservar el poder adquisitivo, aunque sectores como educación y salud continúan encarecidos. Los jóvenes enfrentan un mercado laboral que sigue ofreciendo principalmente informalidad. Las instituciones públicas tendrán el desafío de mostrar resultados concretos más allá de las cifras macroeconómicas.
- Escenario de riesgo (crecimiento por debajo del 2,5%): Este escenario se materializa si varios factores adversos confluyen. Una guerra arancelaria agresiva entre Estados Unidos y China impacta severamente en el comercio global. Los precios del cobre caen bruscamente por debajo de USD 3,50 la libra debido a una desaceleración china más pronunciada de lo esperado. A nivel interno, la conflictividad social se intensifica —bloqueos de carreteras, paralizaciones en zonas mineras— afectando producción y exportaciones. La incertidumbre política se agudiza, con crisis ministeriales frecuentes o intentos de vacancia presidencial que generan parálisis en la toma de decisiones. Los desastres climáticos —sequías, inundaciones, heladas— afectan severamente la producción agropecuaria y pesquera. En este contexto adverso, la inversión privada se contrae nuevamente, la creación de empleo se estanca por debajo de 100.000 puestos mensuales, y la confianza empresarial y del consumidor se desploma. Las presiones inflacionarias podrían regresar, especialmente en alimentos, erosionando el poder adquisitivo. Para millones de peruanos, esto significaría un retroceso en sus condiciones de vida: mayor dificultad para acceder al crédito, recortes en el consumo de bienes no esenciales, y aumento de la informalidad y el subempleo. Las pymes enfrentarían cierres masivos por falta de liquidez. Los jóvenes verían cerradas las puertas del mercado laboral formal, obligándolos a emigrar o aceptar condiciones precarias.
La realidad, probablemente, se ubicará en algún punto entre estos escenarios. Lo que resulta evidente es que el Perú tiene fundamentos macroeconómicos sólidos —deuda pública moderada por debajo del 34% del PBI, inflación controlada, reservas internacionales robustas— pero enfrenta desafíos estructurales que no se resuelven solo con buenas cifras agregadas: instituciones débiles, conflictividad social latente, infraestructura deficiente, y una economía altamente dependiente de la volatilidad de precios de materias primas.
Para el ciudadano común, el mensaje debería ser claro: las cifras macroeconómicas importan, pero lo que realmente determina el bienestar familiar es si hay empleo decente, si los precios de los alimentos están controlados, si el crédito es accesible, y si las oportunidades están disponibles. En 2025, el Perú tendrá que demostrar que su recuperación económica no es solo estadística, sino tangible en la mesa de las familias.



