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Carnaval popular y electoral | Opinión

Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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Falta poco para los días centrales del carnaval, que constituye una manifestación popular, espontanea, para con absoluta libertad, gozar, disfrutar, coquetear, desfogarse del estrés, así como de los problemas y dificultades, acumulados durante el año precedente, sucumbiendo, a una suerte de abandono carnal, en decir, hacer de los carnavales, una ocasión de desfogue, caracterizado por la perturbación golosa de la carne, con alteración de la paz espiritual, con elevadas dosis de diversión, conductas desenfrenadas, que no significa vandalismo, emociones temerarias y hasta infidelidades, en una suerte de encuentro con el pecado, antes de ingresar a la cuaresma y Semana Santa

Carnavales es salir a las calles, en grupos de amigos, familiares, vecinos; en comparsas, multicolores, para bailar y cantar, a todo dar, las canciones compuestas, con creatividad, ingeniosidad, picardía, humor y sátira, por nuestros compositores y canta autores, composiciones preparadas, ad-hoc, para el momento socio-político-económico-cultural, que vivimos, sin temor de expresar lo que se siente, porque los carnavales, desde sus orígenes, son una oportunidad para cuestionar, protestar, criticar y denunciar abusos, a la par de cantar a la vida, al amor, a la pasión y a las traiciones, culminando con el manteo.

En la actualidad, como ocurre con otras costumbres, el carnaval se desarrolla con cambios, que alteran su naturalidad, su esencia y espontaneidad, al sofisticarse y hasta robotizarse las comparsas, particularmente institucionales, donde, qué duda cabe, la belleza de la mujer, sale a relucir en todo su esplendor, perfeccionada en los salones de belleza, que proceden al maquillaje, con preparación de la piel, sombras de alta calidad, diseño y pintado de cejas, pestañas en tira y pintado de labios, entre otras atenciones, que indudablemente, permiten el lucimiento de la hermosura de las participantes, pero con un recorrido, cuasi marcial, constituyéndose en un desfile cívico- militar, con orden, disciplina, uniformidad en la vestimenta, en el paso y distanciamiento de filas y columnas; con renunciamiento de algunas comparsas, a su propia identidad, pues representando a otras provincias, emplean la vestimenta huamanguina, a diferencia de las comparsas tradicionales huamanguinas, donde las damas solamente se cubrían el rostro con talco y, a modo de bufanda, con serpentinas alrededor del cuello. Otras comparsas, de Fajardo, La Mar y de algunos distritos, lucen, en hora buena, sus vestimentas características

En estos carnavales, ante la proximidad de las elecciones, apreciaremos, comparsas de candidatos, maquillados, para aparentar honestidad, transparencia, responsabilidad, ocultando sus verdaderos rostros, cuestionados por sus negativas trayectorias, incluso aflojarán sus billeteras, para invitar unas chelitas, buscando apoyo para las elecciones.

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