Los carnavales de Ayacucho, declarados Patrimonio Cultural de la Nación desde 2003, son una de las festividades más emblemáticas de la región, atrayendo cada año a turistas nacionales e internacionales. Durante décadas, los trajes tradicionales del carnaval han evolucionado, incorporando elementos modernos que contrastan con las vestimentas clásicas de antaño, como los trajes predominantemente blancos que solían caracterizar estas celebraciones.
Sin embargo, esta transformación plantea preguntas: ¿Hasta qué punto los cambios enriquecen la tradición sin distorsionarla? ¿Es posible modernizar las costumbres sin que pierdan su esencia?
Propuesta innovadora
Ángela Bartolo, representante de Makis Inversiones, presentó recientemente una colección de trajes típicos en un desfile que buscó fusionar elementos tradicionales con toques modernos. Según Bartolo, esta iniciativa tiene como objetivo revitalizar el carnaval ayacuchano, integrando tendencias contemporáneas para atraer a un público más joven y garantizar la continuidad de esta importante festividad cultural.
Los diseños, inspirados en las tradiciones de diversas provincias de Ayacucho como Huanta, Cangallo, Vinchos y San Miguel, representan un homenaje a la diversidad cultural de la región. Cada traje es el resultado de un trabajo colaborativo de la familia Bartolo, quienes aportaron su conocimiento sobre las costumbres locales para lograr una propuesta auténtica y creativa.
Más que un Traje
Además de los trajes, la propuesta de Bartolo incluyó accesorios personalizados como zapatos y maquillaje, diseñados por las mismas modelos, lo que añadió un toque distintivo a la presentación.
Bartolo enfatizó que el objetivo no es apropiarse de las tradiciones, sino ofrecer una plataforma para explorar nuevas ideas que permitan innovar en la creación de vestimentas típicas.
“Queremos atraer a un público joven, pero respetando nuestras raíces culturales. Esta propuesta busca dar continuidad a la festividad y fomentar nuevas formas de expresión sin perder la esencia de lo que significa el carnaval ayacuchano,” comentó Bartolo.
Actualmente, encontrar un traje auténtico de huamanguina o ayacuchana es una tarea difícil, debido a las modificaciones que han sufrido a lo largo del tiempo. Para Bartolo, esta realidad no debe ser vista como una amenaza a la tradición, sino como una oportunidad para que las nuevas generaciones participen activamente en la preservación y reinterpretación de las costumbres.
“Los trajes típicos son nuestra identidad, pero también deben adaptarse a los tiempos. La tradición no se pierde si se moderniza con respeto y creatividad,” concluyó.







