La conservación de las vicuñas y el control de enfermedades como la sarna se han convertido en factores clave para sostener la producción de una de las fibras naturales más cotizadas del mundo. Productores y artesanos vinculados a esta actividad advierten que el manejo de estos camélidos requiere un trabajo permanente que va mucho más allá de la elaboración de prendas y accesorios.
Norma Chaupin Fernández, artesana dedicada a la transformación de fibra de vicuña en Ayacucho, explicó que la obtención de esta materia prima comienza con el cuidado de los animales en su hábitat. Según indicó, los productores deben proteger los pastizales, mantener cercos de manejo y vigilar constantemente la salud de las vicuñas para evitar la propagación de enfermedades.
Entre los principales problemas sanitarios figura la sarna, una afección que puede afectar gravemente a las poblaciones de vicuñas si no se controla oportunamente. La enfermedad provoca la pérdida de pelo, debilita a los animales y puede comprometer la calidad de la fibra, uno de los recursos más valorados de esta especie.
La fibra de vicuña es reconocida internacionalmente por su finura y suavidad. Sin embargo, especialistas y productores coinciden en que su alto valor responde no solo a sus características naturales, sino también al complejo proceso necesario para obtenerla y transformarla en productos terminados.
Tras la esquila, la fibra debe pasar por un proceso de selección para retirar impurezas y separar las partes de mayor calidad. Posteriormente, se realizan labores de hilado, tejido y confección que, en muchos casos, continúan desarrollándose de manera artesanal.
En el Perú, la vicuña representa un importante recurso para diversas comunidades altoandinas. De acuerdo con cifras difundidas por el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), el país alberga la mayor población mundial de esta especie, cuya fibra es demandada en mercados nacionales e internacionales.
La actividad también genera oportunidades económicas para familias dedicadas al manejo sostenible de camélidos sudamericanos y a la producción de prendas con valor agregado. No obstante, los productores señalan que la continuidad de esta cadena productiva depende de la conservación de las vicuñas y de la protección de los ecosistemas donde habitan.
El aprovechamiento de la fibra de vicuña se encuentra regulado por normas que buscan garantizar la sostenibilidad de la especie. En ese contexto, el control sanitario y la preservación de las poblaciones silvestres se mantienen como desafíos permanentes para quienes dependen de una actividad que combina conservación, trabajo artesanal y desarrollo económico en las zonas altoandinas.
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