La noche del pasado sábado, Ayacucho se estremeció con una tragedia que volvió a encender las alarmas sobre una vieja, pero persistente amenaza: la mezcla fatal entre alcohol y conducción. Thalía Bonilla Barboza (35), su pequeño hijo Said (7) y su madre Elizabeth Barboza Mendoza (58) jamás imaginaron que su viaje en una moto lineal terminaría en una tragedia que marcará para siempre el rostro de la vía de Evitamiento.
Este no es un caso aislado. En los últimos días, los accidentes de tránsito en Ayacucho han tenido un denominador común: el alcohol. En cada historia se repiten patrones: exceso de velocidad, imprudencia, fuga del lugar y, sobre todo, conductores ebrios.
En la salida a Huanta, por la avenida Ramón Castilla, un motociclista en estado etílico perdió el control y terminó herido en el pavimento. En el centro histórico, una situación similar se registró con otro conductor imprudente. Y en la ruta Huanta – Luricocha, un irresponsable al volante de una camioneta provocó un triple choque que dejó al menos ocho heridos. Afortunadamente, en este último incidente, no se lamentaron muertes.
La tragedia también alcanzó el Cerro Acuchimay, donde las cámaras de seguridad captaron a un hombre visiblemente ebrio intentando cruzar por una zona peatonal, para luego terminar accidentado. Fue detenido y puesto a disposición de las autoridades, en un procedimiento que, lamentablemente, no siempre ocurre con otros casos similares.
Un ejemplo de ello es lo ocurrido el 29 de julio, a las 2 de la madrugada, cuando Albert Lozano (40) un docente de profesión, atropelló y causó la muerte de Melitón Quispe Fernández (33) en el sector de Chimpapuquio, distrito de Ayacucho. Lozano manejaba una motocicleta en estado de ebriedad, a gran velocidad y sin respetar las normas. A diferencia de otros casos, la justicia actuó y se le dictó nueve meses de prisión preventiva.
Sin embargo, no todos corren la misma suerte. El sábado por la madrugada, Manuel Pomasoncco Crisóstomo fue atropellado en San Juan Bautista por un conductor que también se dio a la fuga. Su cuerpo fue encontrado sin vida a la altura del paradero de la ruta 10. Hasta ahora, el responsable no fue identificado, y la posibilidad de que este caso quede impune es cada vez más latente.
Lo preocupante no es solo el número creciente de siniestros viales, sino la aparente indiferencia con la que algunos conductores –y parte de la sociedad– enfrentan estos hechos. La falta de controles eficaces, la permisividad, y en muchos casos, la impunidad, forman parte de un círculo vicioso que sigue costando vidas.
MALA RACHA
Otro problema a considerar son los continuos accidentes que se produjeron en la vía Libertadores en menos de una semana con un saldo de hasta 10 heridos y una madre de familia fallecida que se desplazaba a bordo de un miniván.
Vale precisar que este tipo de siniestros se dan especialmente los fines de semana, donde la ingesta de alcohol incrementa en la ciudad, en la que muchos de transportistas no miden el peligro. Se advirtió que la principal causa de accidentes es por falla humana, sea por exceso de velocidad o negligencia.
Lo indignante de estas tristes historias es que Diego Quispe Sulca (24) siga libre. Aseguran que la noche de aquel sábado él conducía la camioneta que se dio a la fuga. Su accionar se llevó a tres generaciones y la familia aún busca justicia. Se presume que ya estaría refugiado en el país vecinos de Bolivia.
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