La vibra se vive a mil. Arrancaron los “15 Juegos Universitarios Interescuelas Unsch 2024”, entre las 28 escuelas profesionales que ofrece la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, quienes buscan entre la diversidad de sus encuentros quedar entre los primeros lugares para conformar la selección universitaria de la alma máter de Huamanga.
Cada año se desarrollan los juegos universitarios a nivel nacional y la Unsch buscará destacar con sus atletas más representativos para obtener la mayor cantidad posible de medallas de oro, plata y bronce; no solo eso, también demostrar el brillo de sus deportistas que alberga esta universidad.
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Esta fiesta deportiva comenzó el domingo 1 de septiembre con el pasacalle desarrollado en las principales calles de Huamanga, seguida del “I Primer Campeonato Interno de Wushu”, donde se encontrarían las promesas deportivas que representarán a la UNSCH en los juegos universitarios nacionales que se llevarán a cabo en Arequipa.
La fiebre eterna que comenzó el lunes 2 de septiembre
La verdadera fiebre deportiva comenzó el 2 de septiembre con las diferentes escuelas profesionales que se reunieron en la residencia universitaria para alentar con alma, voz y esperanza a sus equipos seleccionados, en las disciplinas de básquet, fútbol, fútsal y vóley, que los podrían llevar a la victoria o en el peor de los casos a la derrota inminente.
La emoción y el sufrimiento que evocaba cada partido en las disciplinas participantes no terminaría el lunes 2 de septiembre, continuaría hasta el martes 3 y así hasta el 8; un martirio que parece no tener fin. El cansancio era más evidente en cada uno de los jugadores que se exponían al amenazador sol que se elevaba hasta los 23 grados centígrados.
Cada aliento, cada tiro al arco, cada gambeta rumbo hacia la canasta, cada saque hacia el territorio enemigo del vóley, estaba acompañado de plegarias que parecían iluminar a cada uno de sus seleccionados, quienes sacaban sus mejores dotes deportivos para que el balón no marcara un gol, un punto en la canasta o en el área de juego de los voleibolistas.
“Estoy cansado, ya no puedo más”, se escuchaba entre algunos de los jugadores que les tiemblan las piernas a causa de una fatiga muscular que les impide realizar otro movimiento, pero el espíritu es más fuerte que su consciente, pues por inercia misma, el deportista se levanta de su pesar para continuar con la guerra.
Algunas de las barras que se refugian entre las sombras de los árboles de la residencia universitaria murmuran “no importa el calor, la victoria es el objetivo”, un mensaje plural que se transmite de forma oral y discreta en cada uno de los jugadores que explota un brillo y un hilo de esperanza en sus ojos.
Sin lugar a dudas, en estos juegos universitarios de la Unsch se reúne la fiereza de sus deportistas y la unión de sus estudiantes, quienes sacan sus mejores jugadas bajo el sol que amenaza con dejar fuera de juego a uno de sus deportistas a causa de insolación o las heridas de guerra por un rasguño presente al defender la portería o evitar un punto a favor de su contrincante.
Una guerra que parece ser eterna, pero no es así, solo tiene ocho días en el calendario del mes de septiembre.



