El baloncesto ha sido más que un deporte para muchos. Algunos lo consideran una forma de vida que enseña importantes valores como la disciplina y la importancia de enfrentar las derrotas con resiliencia; no solo eso, también ayuda a observar un obstáculo como una enseñanza personal.
Esta es la historia de Daniel Chico Balarezo, un apasionado del baloncesto que llegó a Ayacucho desde Trujillo en 1984, un tiempo difícil para el Perú debido al conflicto armado interno. Sin embargo, esa pasión por querer tocar el balón y no desligarse del baloncesto concatenó planes para continuar su práctica.
“Fueron tiempos difíciles para el Perú en esa época, pero cuando se quiere, se pueden hacer muchas cosas. No sé cómo, pero siempre conseguía encontrar un lugar para practicar el baloncesto; una escapada a las seis de la mañana, por ejemplo. Era parte de mi vida, es lo que también respiraba y es lo que yo quería hacer”, precisó Chico.
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El basquetbolista trujillano, pero hoy más ayacuchano, Daniel Chico Balarezo, recuerda su llegada a la región: mochila en hombros, libros y una pelota de baloncesto; un compañero de vida que lo acompañó desde los 10 años, cuando su padre le regaló su primera pelota.
“Tenía 10 años cuando me regalaron mi primer balón; a los 12 ya jugaba en la selección nacional de Trujillo, en la sub-14 y sub-16. Tocó partir hacia Ayacucho y lo recuerdo con total claridad: yo bajé del avión con mi mochila, mis libros y mi pelota de básquet”, recordó Chico.
A lo largo de su carrera deportiva como basquetbolista, Daniel Chico Balarezo considera que la disciplina es una pieza fundamental para levantarse de las caídas y tropiezos inminentes que se le pueden presentar a cualquiera.
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“Siempre hay caídas en todo ámbito: en la vida, en el trabajo; pero son lecciones que te enseñan a ser perseverante y a sacrificarte más para conseguir una meta que parece imposible. La disciplina lo es todo y no solo funciona en el deporte, también en nuestro día a día”, recomendó.
A pesar de que ha pasado mucho tiempo desde que dejó de jugar al baloncesto, Chico aún recuerda a algunos compañeros de equipo como Percy Pérez, Pepe Castañeda y la familia Chipana; compañeros que lo acompañaron durante su estadía en Ayacucho.
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“Tengo recuerdos gratos con muchos amigos y compañeros de equipo, como Percy y Pepe. Estos amigos fueron quienes me apoyaron desde el principio y fue con ellos con quienes viví momentos inolvidables en la cancha. Recordarlos es toda una alegría”, refirió Chico.
Uno de sus mayores orgullos es la dirección del equipo Salesianos, una escuadra que se coronó campeona nacional durante un período de al menos 20 años; un logro que atesora junto a sus estudiantes y recuerda con mucho cariño.
“Es una satisfacción ver a tus alumnos convertirse no solo en deportistas, sino también en profesionales. Es un logro que atesoro profundamente. Es una forma de trascender y, para lograrlo, es necesario compartir mi experiencia con las nuevas generaciones. Todo aprendizaje debe ser compartido”, finalizó Chico.



