Estamos en la tercera charla del diario Jornada. En esta oportunidad nos acompaña un profesional de arte plástico, egresado de la Escuela de Bellas Artes de Ayacucho y profesor en esa institución. Además, es un reconocido promotor cultural en Ayacucho y, entre sus múltiples facetas, destaca su vínculo con el cine como crítico, director y actor. Se trata de Lalo Parra.
Lalo, buenas tardes.
Lalo Parra: Muy buenas tardes, Juan, qué gusto tenerte por acá.
Queremos conversar contigo sobre tu trayectoria y empezar preguntándote: ¿por qué decidiste estudiar en la Escuela de Bellas Artes? Me dijeron que tu familia quería que fueras ingeniero.
Lalo Parra: Sí, como todos los padres, los míos querían que fuera a la universidad. Pero cuando les dije que estudiaría en Bellas Artes, no quisieron. Mi hermano mayor también se opuso. Me decía: «Bellas Artes no sirve, como hobby está bien, pero no como profesión».
Pero yo insistí. Me obligaron a postular a la universidad y entré a Agronomía, pero pedí certificados duplicados y me presenté también a Bellas Artes. Ingresé a la universidad, pero solo aprobé Filosofía porque no asistía a los demás cursos; en cambio, en Bellas Artes sí iba a clases porque los horarios se cruzaban. Así que terminé quedándome en Bellas Artes.
¿Una decisión de la que no te arrepientes?
Lalo Parra: ¡Para nada! Con el tiempo, mi papá y mi hermano comprendieron. En Bellas Artes empecé a exponer y vender mis cuadros, incluso ayudaba económicamente a mi hermano, que seguía estudiando en la universidad. Lo mejor fue que, tras terminar mis estudios a los 21 años, a los 22 ya estaba trabajando como profesor en la misma escuela. No me dejaron ir, me pidieron que me quedara como docente.
¿Destacabas en la escuela? ¿Fuiste un alumno sobresaliente?
Lalo Parra: Posiblemente. Hice exposiciones en Lima y aparecí en periódicos como El Comercio y La Crónica (que ya no existe). Por la difusión de mi trabajo, me ofrecieron quedarme como profesor. Además, el padre Nonato, director del colegio San Juan Bosco, me invitó a enseñar allá. Yo no quería ser profesor, quería ser artista y viajar al extranjero, pero el padre me dijo: «Escoge tu horario en Bellas Artes y yo te acomodo en el colegio». Así terminé trabajando en ambas instituciones.
Eres un artista plástico con exposiciones, un profesor, pero también un promotor cultural.
Lalo Parra: Así es. En Bellas Artes organizamos el cine club de la escuela. Yo manejaba un proyector de 16 mm, con cintas de celuloide. Teníamos convenio con las embajadas de Francia y Alemania (en ese entonces, República Federal). Proyectábamos películas los sábados y hacíamos cine-foro. Ahí empezó mi gusto por el cine, junto con las exposiciones de pintura en barrios y parques. Poco a poco, me fui involucrando más en la promoción cultural.
En el país, la cultura no recibe la importancia que merece. Se cree que todo lo cultural debe ser gratuito. ¿De qué vive un promotor cultural? ¿Cómo puede el artista, el cineasta, el pintor, el escultor o el escritor vivir con dignidad? ¿Qué debería hacer el Estado, la sociedad y la empresa privada?
Lalo Parra: Es un problema del Estado. El arte es siempre la última rueda del coche… bueno, ahora ya ni eso, más bien es la llanta de repuesto.
¿Podríamos decir que, incluso, ni siquiera es la llanta de repuesto, sino una llanta desechada?
Lalo Parra: Exacto. Cuando organizamos actividades culturales, la gente siempre pide entradas gratis. Pero si hay una fiesta con grupos traídos de Lima y la entrada cuesta 50 o 30 soles, la pagan sin problema. Y peor aún, llaman a esos eventos «culturales», cuando en realidad son comerciales.
Eso debería diferenciarse, porque el arte promueve valores y forma la identidad de una región o un país.
Lalo Parra: Así es. Un pueblo sin arte es un pueblo sin alma.
Conocemos España por Picasso y al Perú por Vallejo o Vargas Llosa.
Lalo Parra: Exacto. El arte es lo primero que aparece en la historia de la humanidad. Las pinturas rupestres son prueba de ello: el hombre reflejaba su entorno, sus creencias, su vida. Pero ahora no se valora ese legado. Sin arte, no hay humanidad.
Hablemos de tu experiencia en el cine, como productor, director y actor.
Lalo Parra: Siempre me gustó el cine. En Ayacucho teníamos tres cines: el Cáceres, el Municipal y el Cine Teatro Cavero.
Ahora no tenemos ninguno.
Lalo Parra: Así es. El Municipal tiene otro uso, ya casi no se usa para cine ni teatro. Desde niño me gustaba ir al cine, pero más que ver la película, quería saber cómo se hacía.
¿Y ahí decidiste aprender?
Lalo Parra: Sí. En Bellas Artes hubo un curso de Audiovisión Crítica dictado por Felipe López, quien había estudiado cine en Francia. Fue en 1975 y 1976. Con él hicimos un corto en 8 mm, en celuloide. Fue mi primera experiencia con el cine. Pero era complicado, porque cada rollo debía enviarse a Panamá para revelar y solo después podíamos ver el material.
Después llegó el VHS
Lalo Parra: Exacto. Con el VHS los costos bajaron y la edición podía hacerse aquí. En ese momento surgió un grupo de cineastas en Ayacucho, con Palito Ortega a la cabeza.
¿Palito Ortega es el iniciador del cine en Ayacucho?
Lalo Parra: Sí, junto con Melito, Lucho Berrocal y José Huerta. Fue en esa época cuando Palito me invitó a participar como actor. Me pareció interesante y acepté. Luego compré mis propios equipos y empecé a hacer mis películas.
Hablemos de Uma. ¿Qué significa para ti?
Lalo Parra: Mucho. Fue mi primer largometraje. No hice más cortos después del que trabajé con Felipe, sino que pasé directamente a filmar Uma. Escribimos el guion con Edwin Berger, un amigo de Vilcas Huamán. La filmamos con mucho esfuerzo. Usamos mi propia cámara, que aún conservo. Me costó un año terminarla porque no teníamos presupuesto. Grabábamos solo sábados y domingos. Los actores colaboraron sin cobrar, porque todos queríamos hacer cine. Ahí aprendí muchas cosas: iluminación, montaje… Uma es una película a la que le tengo un cariño especial.
¿Cuáles son las dificultades de hacer cine en Ayacucho?
Lalo Parra: Uno de los principales problemas es la falta de apoyo financiero. Hacer cine es costoso, y no hay fondos específicos para cineastas en Ayacucho. La mayoría de las producciones se realizan con recursos propios o con presupuestos muy limitados. También está el tema de la capacitación. Ahora piden que los equipos de producción estén conformados por profesionales graduados. O sea, si queremos hacer una película en Ayacucho, necesitamos un director de fotografía con estudios, un sonidista con estudios profesionales, un profesional en cámara. Aquí no tenemos muchos especialistas con títulos en estas áreas, así que tenemos que traerlos desde Lima.
¿Y eso encarece la producción?
Lalo Parra: Claro. No solo es pagar por su trabajo, sino cubrir su traslado, hospedaje y alimentación. En muchos casos, solo se les contrata para que presten su nombre en la planilla, pero el trabajo real lo termina haciendo un camarógrafo ayacuchano. Es absurdo porque hay talento aquí, pero las reglas nos obligan a depender de profesionales de fuera.
¿Cómo afecta eso al crecimiento del cine en la región?
Lalo Parra: Nos limita muchísimo. Queremos contar nuestras historias, pero nos imponen requisitos que no consideran nuestra realidad. En Ayacucho hay buenos realizadores, buenos técnicos, pero muchos no tienen un título universitario porque aquí no hay escuelas especializadas en cine. ¿Eso significa que no son capaces? No. Pero para acceder a financiamiento o participar en ciertos concursos, nos exigen esos requisitos.
¿Cree que se deberían flexibilizar estos requisitos?
Lalo Parra: Sí. Debería haber políticas que consideren la realidad de las regiones. En Lima hay escuelas de cine, en Ayacucho no. No es justo que nos midan con la misma vara sin darnos las mismas oportunidades de formación. Si queremos impulsar el cine regional, debemos apoyar a los talentos que ya existen aquí y no imponer barreras que nos obliguen a depender de Lima.
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