Hubo una época en que los candidatos al Mundial se contaban con una mano y casi nunca fallaban. Brasil, Alemania, Italia, Argentina: los mismos nombres, torneo tras torneo, se repartían las semifinales casi por costumbre. Esa certeza se resquebrajó. Hoy los favoritos siguen siendo favoritos, pero su dominio dejó de estar garantizado, y cada edición lo confirma con una eliminación temprana que nadie tenía en los planes.
La caída de la dominación de los favoritos
Los últimos mundiales lo dejaron clarísimo. Alemania, campeona en 2014, quedó eliminada en fase de grupos en 2018 y 2022. Argentina perdió su debut en Qatar ante Arabia Saudita antes de levantar la copa. Marruecos eliminó a España y Portugal en el mismo torneo. Los batacazos dejaron de ser anécdotas para volverse parte del guion habitual de la competencia.
Basta mirar el listado de campeones recientes para notar el cambio. Ya no hay un dominador claro que gane dos o tres torneos seguidos como en otras épocas. Los títulos se reparten, las eliminaciones tempranas de gigantes se repiten y el trofeo pasa de mano en mano. La era en que un puñado de selecciones se turnaba la corona parece haber quedado atrás.
Esa incertidumbre cambió incluso la forma en que se mide a los equipos. Si uno compara cómo se pagan las selecciones en las distintas apps de apuestas, según una comparativa de las principales plataformas del rubro, las diferencias entre el primer favorito y el quinto se achicaron bastante respecto a hace veinte años. El mercado también percibe que la brecha se cerró, y lo traduce en cuotas cada vez más parejas entre candidatos.
Factores que están igualando el nivel entre selecciones
Varias cosas explican este emparejamiento. La primera es táctica: ideas que antes eran patrimonio de unos pocos hoy se enseñan y se replican en todo el mundo. Un entrenador de una selección modesta accede al mismo conocimiento que uno de elite, y muchas veces lo aplica con menos presión y más margen para arriesgar.
La segunda es física. La preparación de un equipo chico puede acercarse bastante a la de una potencia, porque la ciencia del deporte se democratizó y el conocimiento sobre carga, recuperación y nutrición ya circula por todas partes. La tercera es la globalización de los jugadores: futbolistas de países pequeños militan en las mejores ligas de Europa y llegan al Mundial con roce de primer nivel, acostumbrados a jugar contra las mismas estrellas que enfrentarán en la cancha, sin sentirse inferiores ante ningún rival.
A todo eso se suma el acceso a la información. El scouting dejó pocos secretos: hoy cualquier selección estudia a fondo a su rival, conoce sus jugadas y prepara los partidos con un detalle que antes solo estaba al alcance de las grandes federaciones. Ovación ha analizado cómo estos factores nivelaron la cancha en la última década, hasta borrar buena parte de la ventaja que tenían los históricos.
La profundidad de plantel también se repartió mejor. Antes, las potencias contaban con recambios de nivel para no bajar el rendimiento, mientras que las selecciones chicas dependían de dos o tres figuras. Esa distancia se acortó. Muchos equipos considerados menores hoy tienen jugadores de sobra en ligas competitivas, y pueden rotar sin resentir el nivel, algo clave en un torneo de muchos partidos seguidos.
Qué significa esto para el Mundial 2026
Para 2026, con 48 equipos, la conclusión es directa: habrá más imprevisibilidad que nunca. Más partidos, más cruces raros y más oportunidades para que un candidato tropiece antes de tiempo. Los grandes siguen partiendo con ventaja, pero ya no pueden reservar energías ni relajarse en la fase de grupos como hacían antes, porque cualquier rival puede complicarlos y dejarlos afuera.
El formato ampliado también premia la regularidad. Un tropiezo que antes eliminaba hoy tiene margen de recuperación, pero a la vez suma partidos y desgaste, y ahí las selecciones con menos plantel pueden encontrar su oportunidad frente a un gigante cansado.
Eso no significa que cualquiera pueda salir campeón. Los favoritos tienen más plantel, más fondo de armario y más jerarquía para los partidos calientes, y eso pesa en las instancias decisivas. Pero el margen se achicó, y un mal día puede costar carísimo, incluso a los que llegan con el cartel de candidatos. El Mundial 2026 promete ser de los más abiertos que se recuerden, y esa es, quizá, la mejor noticia para el espectador neutral, que va a tener sorpresas garantizadas desde la primera fecha y hasta la última jugada.



