La noticia de que el presidente de China, Xi Jinping no viajará a Chancay para la ceremonia de inauguración del megapuerto por “razones de seguridad”, y que será una ceremonia virtual desde palacio de Gobierno, pone de manifiesto que en el Perú nadie está seguro.
Hay que agregar, que aparte del máximo dirigente de China, llegarán al Perú representantes de los países de la APEC, el gran foro que reúne a las principales economías del mundo y que han convertido al Océano Pacífico en el principal mercado mundial.
¿Cómo dar garantías de seguridad a todos estos visitantes? Para el gobierno, la salida es el ingreso de 600 efectivos del ejército de los Estados Unidos con su propio armamento. No es la primera vez que se realiza un foro de la APEC en el Perú, pero si la primera en que se permitirá el ingreso de una potencia extranjera con armas para “garantizar un evento internacional en el Perú”.
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Tan deteriorada está la imagen del país en el extranjero, y esa es responsabilidad ineludible de quienes gobiernan el Perú, porque la señora Dina Boluarte tiene limitadas capacidades para dirigir el país, y por tanto, no sería una especulación que exista un gobierno en la sombra, el que toma las decisiones más importantes.
Pero al margen de eso, lo que está claro es que el temor del presidente de China no es un acto fortuito. No debería sorprender a los peruanos, si muchos presidentes convocados a la reunión de la APEC en Lima se excusen de viajar y enviasen a sus representantes, como ministros de Relaciones Exteriores o cancilleres.
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La decisión de Xi Jinping de no ir a Chancay y quedarse en Lima en Palacio de Gobierno, no tiene nada que ver con el paro anunciado por los gremios de transportistas, entre otros, para los días que se realizará la cita de APEC. Muchas de estas citas, en otros países del mundo, incluso desarrollados, han generado protestas y marchas o eventos paralelos.
El temor es la forma como estas manifestaciones se responderán en caso se concreten. Los antecedentes del gobierno frente a las marchas no son buenas referencias, considerando los 49 muertos de los meses de diciembre 2022 y enero y febrero de 2023, y el reciente en Viru en el último paro de octubre.
La salida a esta crisis está en manos de la presidente. Ha perdido credibilidad, pero, aun así, puede buscar mecanismos de diálogo, lo que no lo hace, porque no tiene ningún plan que ofrecer de acá al 2026.



