Gracias, entre otras cosas, a los legados de Bernanke, el año 2022 ha sido terrible para la economía mundial. Después, de dos décadas de profundización de las “políticas impopulares y estúpidas”, que aumentaron las diferencias entre ricos y pobres, el Informe sobre la Desigualdad Mundial 2022 demuestra que la idea no es errónea. El 10% más rico de la población mundial recibe actualmente el 52% del ingreso mundial y la mitad más pobre de la población gana el 8,5%. En promedio, una persona del 10% superior de la escala de ingresos gana USD 122 100 al año, mientras, en promedio, el ingreso anual del 10% más pobre es de USD 3 920, unas 31 veces menos. La mitad más pobre de la población tiene apenas el 2% de la riqueza mundial, mientras el 10% más rico detenta el 76% de la riqueza mundial. Esto da como resultado que en promedio una persona del 10% más rico del mundo tiene un patrimonio de USD 771 300, contra apenas USD 4 100 del 50% de ingresos inferiores, una diferencia de 188 veces, y no en comparación al 10% más pobre, sino a la mitad menos rica del planeta. No hay errores, no, para eso trabajan los premios Nobel.
Para poder pasar este complicado invierno los gobiernos aceleran sus deudas. Alemania programó gastar €200 mil millones entre palear la inflación, proteger a la sociedad y a la industria. Gran Bretaña comenzó con unos U$S 172 mil millones con sus complicaciones, Francia €100 mil millones, China, de enero a agosto, emitió bonos por U$S 850 200 millones para impulsar a su economía. En medio de este despliegue defensivo, alguien hizo estallar los oleoductos Nord Stream 1 y 2 que transportaba gas natural barato y abundante de Rusia a Alemania. La economía alemana dependía de este recurso para casi el 60% de su producción industrial. Un PBI de 3.8 billones de dólares depende de 20 mil millones de dólares del gas ruso. Según banqueros de inversión en energía, los proveedores de gas de EE.UU. podrían cargar un gran tanque de GNL en EEUU a un costo de alrededor de $ 60 millones por envío. La carga podría entonces venderse hasta por $275 millones en Europa, gracias a la enorme disparidad de precios.
De la carrera por los subsidios para aminorar los precios de la energía se desprenden varios dilemas. El primero radica en la competencia por los Fondos de Recuperación y Resiliencia de €800 mil millones en toda la UE para ayudar a las partes más débiles de Europa, que no incluye, precisamente, a Alemania. Antes de los fondos anunciados recientemente por 200 mil millones de euros, el gobierno germano había lanzado un paquete de medidas que, se dice, tienen un valor de 65 mil millones de euros. Según el portal de noticias Político, de EE.UU., el gobierno alemán asignó más de 100 mil millones de euros para ayudar a los hogares y las empresas durante la crisis energética, además de otros 85 mil millones de euros destinados a apuntalar a las empresas energéticas alemanas. Estos 185 mil millones de euros deben sumarse a los anteriores 200 mil millones, por lo que se estaría hablando de, al menos 385 mil millones.
Para condimentar más las tensiones producidas por los atentados a los gasoductos rusos, queda claro que Alemania está siendo empujada a la destrucción. Del lado alemán, un estudio de Deutsche Bank indica que la producción se reducirá un 2,5 % este año y un 5 % en 2023 debido al aumento de los precios de la energía. Si miramos hacia atrás, a la crisis energética actual en unos diez años, podríamos ver este tiempo como el punto de partida para la desindustrialización acelerada en Alemania, según dicho estudio.
Ahora todo se perfila a que la tormenta sea perfecta y que realmente todo pueda salir mal: alta inflación, aun y cuando las tasas de interés arriben a 4.75%, frenando la economía, caída del producto, altos precios de la energía, de los alimentos, problemas con la cadena de suministros, lucha por los subsidios, recorte de la producción de petróleo, endeudamiento exponencial, y la confirmación de Gazprom de que el ramal de la Línea B del Nord Stream 2 está intacto, lo que puede producir un sorprendente cambio de juego para Alemania. No hay errores, no, para eso trabajan los premios Nobel, para eso está Ben Bernanke.



