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Una derrota anunciada | Editorial

El debate electoral entre Keiko Fujimori con Roberto Sánchez terminó siendo una demostración de la incapacidad de la candidata de Fuerza Popular, pero también de las debilidades de Roberto Sánchez.

Fueron dos personajes distintos, no sólo por el género y la posición política, sino por el comportamiento durante el debate. Mientras que el candidato de Juntos por el Perú, demostraba serenidad, manejo del escenario y sus participaciones lo hacía de tal manera que parecía espontánea; Keiko Fujimori se limitó a leer los apuntes que le entregaron los miembros de su equipo, y cuando quiso aprovechar, respondió de cualquier manera, como llamarle a Sánchez poco hombre.

El punto más frágil de Keiko Fujimori, fue quitar cuerpo cuando se trató el tema de derechos humanos. No dijo nada sobre este tema y se paso enumerando obras, carreteras desde Tumbes hasta Tacna de cuatro carriles, y de la misma calidad con 4 carriles, las carreteras de Lima – Huánuco, Lima – Pasco, Lima – Huancayo y la Vía de los Libertadores. Nada de eso está relacionado con derechos humanos.

En ese escenario, Sánchez no aprovechó la oportunidad para recordarle que son los derechos Humanos, el derecho a la vida, a la libertad, la eliminación de la tortura, la desaparición forzada de personas, el secuestro, que son crímenes de lesa humanidad, y que ella los conoce muy bien, lo supo desde cuando era primera dama.

Estuvo atinado en cuanto abordó los derechos fundamentales y le recordó a Keiko que ella no se había solidarizado con los manifestantes asesinados en los primeros meses del gobierno de Dina Boluarte, pero le faltó indicarle a Fujimori que su bancada había aprobado una ley para que los responsables de estas muertes no sean procesados.

La afirmación de Keiko Fujimori sobre el caos, y que ella sabe como esto se termina, es un reconocimiento que tiene en su experiencia el haber sido primera dama. Lo está haciendo: copamiento de los poderes y uso de las fuerzas armadas para reprimir el caos, que en lenguaje directo se llaman movilizaciones. El caos de diciembre del 2022 y de enero y febrero del 2023, lo sofocó el ejército y la policía en Andahuaylas, Ayacucho, Juliaca, Puno, Cuzco, Junín y Lima. Esto es una amenaza y será una política de estado de corte fascista. Esto debió pedirle Sánchez a Fujimori, pero no lo hizo.

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