A más de tres décadas del conflicto armado interno que asoló Ayacucho, las víctimas del terrorismo continúan enfrentando una dura realidad: la falta de apoyo y atención por parte del Estado. A pesar de los compromisos asumidos, muchas de estas personas siguen viviendo en condiciones precarias, sin acceso a servicios básicos ni programas de rehabilitación adecuados.
Las organizaciones de derechos humanos han señalado que, a pesar de la creación de diversas políticas públicas para ayudar a las víctimas, la implementación ha sido deficiente.
“Es inaceptable que, después de tantos años, aún no se les brinde el apoyo que necesitan. Estas personas merecen justicia y reparación,” afirmó Lidia Flores, presidenta de la la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (Anfasep).
Las víctimas, muchas de las cuales son sobrevivientes de actos de violencia y han perdido a sus seres queridos, se enfrentan a la exclusión social y a la falta de oportunidades.
“Vivo con el dolor de haber perdido a mi familia y sin poder acceder a un trabajo digno. El apoyo del Estado es casi inexistente,” expresó Juana Quispe, quien ha sido un referente en la lucha por los derechos de las víctimas.
La falta de programas de salud mental y la carencia de recursos económicos han contribuido a la frustración de las víctimas. Según un informe de de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, solo un pequeño porcentaje de ellas ha recibido atención psicológica adecuada, lo que agrava su sufrimiento.
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Las víctimas del terrorismo han solicitado al gobierno central una mayor inversión en programas de asistencia, así como la creación de espacios donde puedan expresar sus necesidades y preocupaciones.
“No pedimos limosna, sino el cumplimiento de nuestros derechos,” enfatizó.
Lidia Flores agregó que otra de las prioridades es la culminación del proyecto de mejoramiento y construcción de la Hoyada, la misma que significa un espacio de paz y reconciliación entre los deudos que perdieron a sus familiares durante este periodo.
“La situación de las víctimas del terrorismo en Ayacucho es un recordatorio de la necesidad de avanzar en la reparación y la reconciliación, para que nunca más se repitan los horrores del pasado”, apuntó.



