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Valoremos el voto responsable

atípico debido a la pandemia en que nos encontramos. Hay un escenario diferente en los tiempos de campaña electoral con candidatos que cargan en su mochila promesas harto conocidas desde períodos electorales anteriores. Son tiempos que nos ha cambiado la forma de vivir con un temor permanente, pero con la esperanza puesta en pie de que en algún momento y con la vacuna podamos gradualmente recuperar nuestro estado emocional y garantía de vida familiar. Esta situación ha sido abordada en debates electorales por los candidatos que pregonaron propuestas utópicas, algunos manifestaban que en meses o a fin de año toda la población peruana estará vacunada, luego la mano dura contra la delincuencia y la corrupción (sic) Un político como candidato tiene que saber el ABC de la politología para investigar la realidad social y política que le rodea para remover las bases y luego evaluar el posible desarrollo de diferentes políticas públicas o aspectos que afecten a la población. No faltan quienes consideran que en nuestro país todos son siervos o serviles. Considero que aún hay una gran reserva moral a la espera de un liderazgo digno y honesto.

Los politólogos por lo general consideran, que las sociedades premodernas no requerían consultar al pueblo para elegir a sus gobernantes, pues su opinión no era relevante para elegir a sus dirigentes políticos. Eran sociedades jerárquicas, cuyos aristócratas garantizaban dicho orden, a través de reyes y la justificación religiosa del poder político. Tener el aval de Dios era un imaginario poderoso, hasta el punto de que ir contra su autoridad resultaba casi inconcebible. Sin embargo, ninguna sociedad puede sostenerse eternamente, por lo que su crisis permitió la separación de un nuevo modelo de organización social, donde el Estado debía dividir su poder y la fuente de ese poder político debiera ser el pueblo. Ya no sería Dios la fuente del poder ni el gobernante el único que concentre el poder terrenal.

De ese modo se abrió un espacio para que las personas puedan elegir a sus representantes. Sin embargo, a pesar de que el liberalismo impulsó la transformación del Estado desde el siglo XVII, no siempre el liberalismo apostó por la democracia (Gentile, 1961). Por lo que no hay identidad ni una relación necesaria entre liberalismo y democracia. La democracia como una forma de elección de las autoridades ha sido un proceso que se ha ido ganando paulatinamente. Recordemos que, en el Perú, recién en 1955 se promulgó la ley para que las mujeres tuvieran el derecho de elegir y ser elegidas (se logró con grandes luchas) no fue un regalo de un dictador de turno (Odría), aunque con ciertas limitaciones. El derecho al voto universal femenino se logró en el año 1979.

¿Quién elige? Sin duda, el ciudadano. Pero ¿cómo debe estar cualificado el ciudadano para elegir a sus representantes y equivocarse lo menos posible? Miguel Polo Santillán en un interesante artículo de opinión sostiene al ciudadano en una cualificación que va desde lo ideal a lo indeseable.

El ciudadano ideal: que sería una persona racional, ilustrada e informada, por lo que al momento de elegir tiene seguridad en su decisión, pues lo hace desde normas ideales de conducta.

El ciudadano responsable: que sabiéndose racional, comprende que debe analizar según contextos e intereses, pero teniendo en cuenta una gran meta: el destino del país. Así, su fin orientador es el bien común.

El ciudadano interesado: sabe lo que le conviene y hace lo posible para que su candidato salga elegido. Para lo cual puede usar medios legales e ilegales, morales e inmorales.

El ciudadano siervo: que vota porque le han pagado con dinero o cosas, porque le prometieron algo, es decir, participa a cambio de algo y se subordina a intereses mezquinos.

El ciudadano ingenuo: que no analiza ni está movido por intereses, solo va a votar porque está habituado y cree que la democracia funciona así.

Difícil que un ciudadano elector no esté influenciado o motivado por ideologías, intereses, mentiras, pasiones.

Esperemos que nos trae el 11 de abril. Si aprendimos las lecciones de haber valorado el voto o seguir conviviendo en el fango de la miseria humana.

Diario Jornada
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