InicioCOLUMNISTASLa miseria es una violación de los derechos humanos fundamentales | Opinión

La miseria es una violación de los derechos humanos fundamentales | Opinión

Mario Zenitagoya | Otra Mirada
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“Los cínicos no sirven para este oficio”. (Ryszard Kapuscinski)

“La gente pobre no tiene mucho que perder porque no tiene nada”. Es la afirmación de la periodista Mónica Delta de 67 años, con más de 45 en los grandes medios de comunicación; ante un masivo rechazo de su desafortunada expresión, tuvo que retractarse y tratar de arreglarla; tarde se dio cuenta que los pobres son gente que tiene algo más valioso que un millonario en riqueza material. El pobre “tiene dignidad y principios innegociables de humanidad”; la gente pobre en riqueza material, es a la vez muy rica en valores de: “respeto, solidaridad, humanidad, familiaridad, identidad y vocación de servicio”, valores los que, aquellos que piensan solo en riqueza material, han perdido, habiendo con ello también perdido gran parte de su razón de vida en comunidad, primando para ellos el egoísmo, la indiferencia, el narcisismo, el desprecio a la dignidad humana, la alienación, la falta de identidad. Es la expresión que representa a aquellos “doctos” del periodismo limeño ignorantes de que nuestro país es de TODAS LAS SANGRES, (palabras del maestro José María Arguedas). Hay contadas excepciones. Haciendo memoria, uno de los grandes maestros del periodismo, Ryszard Kapuscinski, dejó una sentencia: “Los cínicos no sirven para este oficio”.

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Los pobres al vivir sencillos, viven libres de cargas materiales innecesarias, son más felices que los ricos, muchos tienen a su disposición aguas de manantiales, ríos y lagos enteros, campos extensos y los frutos que estos campos producen; tienen y gozan del amor puro, incondicional de su pareja y de sus hijos; lo que la gran mayoría de ellos quiere del estado es simplemente que estas riquezas naturales no sean contaminadas y perjudicadas irrazonablemente por la desmesurada ambición de personas que solo piensan en el bienestar material; todos los pobres quieren vivir en verdadera libertad respetando el derecho de los demás, entendiendo ese derecho como al que toda persona razonable, humana y que prioriza la vida antes que al patrimonio, quiere acceder.

Tergiversan aquello de que el pobre no se opone a la inversión, a la explotación e industrialización de sus productos agrícolas, ganaderos, mineros; solo quiere que estas acciones se hagan respetando sus derechos a una vida humanamente digna. El pobre quiere que el estado también esté a su servicio y no solo al servicio de los que tienen.

Los pobres son gente que piensa, medita y reacciona, por eso, pensamientos de extrema izquierda (comunismo) y de extrema derecha (neo liberalismo), no son aceptados, son rechazados y combatidos; los pobres solo quieren que se les trate en igualdad de condiciones con los demás, porque su opinión política y su voto electoral, vale igual al de un multimillonario, así lo establece la actual constitución política del estado.

Son las familias en situación de pobreza las que más tienen que perder cuando fracasan los políticos y las políticas públicas. Está en juego la salud de sus hijos. Está en juego su desarrollo cognitivo. Están en juego sus oportunidades de aprendizaje y la posibilidad de romper ciclos históricos de pobreza y exclusión.

Se habla de la pobreza como si fuera sinónimo de vacío, de ausencia de aspiraciones o de falta de conciencia. Ya que la pobreza no elimina los sueños, no elimina la dignidad, no elimina la capacidad de decidir. Al contrario, quienes han vivido el abandono del Estado pueden comprenden mejor que nadie lo que está en juego cuando se toman decisiones políticas, porque sus consecuencias se sienten de manera inmediata en la vida cotidiana.

“Cuando se vive en condiciones de vulnerabilidad, cada decisión pública impacta sobre la mesa familiar, sobre la alimentación de los niños, sobre el acceso a la salud y sobre las oportunidades de toda una comunidad.

Quizás lo que revela una frase como esa es la distancia que todavía existe entre ciertos espacios de poder y ese país profundo que, pese al abandono, la exclusión y la discriminación, sigue demostrando una enorme capacidad de resistencia, organización y esperanza” (Nutricionista Jessica Huamán).

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