Mario Cueto | Opinión de miércoles
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Con un conteo final de votos de película, estamos a puertas de conocer a quien dirigirá los destinos del país, por decisión de los electores, que amerita una primera reflexión, a fin de que, sea quien fuere el ganador, de todos modos, con una ajustadísima diferencia, superemos, los miedos e incertidumbres, en un ejercicio democrático y respetuoso del voto, para acabar con las tensiones, diatribas y confrontaciones, superando la polarización e intolerancia, apreciada en la campaña electoral, periodo en el que, se respiró un aire contaminado, tóxico; al no ser respetada la libertad de opinión y expresión, que asiste, incluso, a quienes están equivocados.
Los resultados del domingo, sin apasionamientos, deben evaluarse acerca del significado político y social de los votos emitidos y de los logrados por quien gane, así como sus repercusiones, frente a las aspiraciones del pueblo peruano, a esas expectativas en busca y logro de un país soberano, que rija su vida en democracia, buscando paz, justicia, verdad, transparencia y lucha frontal contra la corrupción e inseguridad, en sus diversas formas y manifestaciones; por lo mismo, hagamos votos, por una democracia estable, política y socialmente.
Coincidiendo con el proceso electoral, el Papa León XIV, en su visita a España, ha expresado mensajes muy importantes, que podemos asumirla, como dirigida también. a la coyuntura peruana, cuando dijo, por ejemplo, “Vengo para confirmar, alentar e inspirar una reconciliación y una cooperación más profunda entre las distintas fuerzas de esta nación. De hecho, su propia historia sugiere que no es una cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad, invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las implicaciones estériles, a la apreciación fecunda de la complejidad”
En otro momento, el Papa, de nacionalidad peruana, señaló que “La libertad moderna, ha sido preparada también por una larga educación de la conciencia, profundamente marcada por la tradición cristiana. En esa escuela interior, los pueblos aprendieron que el derecho debe servir al bien; que la justicia pone límites a la fuerza, que el poder necesita legitimidad y que los pobres pertenecen permanentemente a la comunidad”.
Considero viable, hacernos eco de las palabras del Sumo Pontífice, concluido el proceso electoral, reconociendo el triunfo del elegido por el pueblo, trabajando por la reconciliación y consensos, que permitan el desarrollo sostenido del país, abandonando las narrativas de división, odios y enfrentamientos.
Hagamos que el voto emitido el 7 de junio, Día de la Bandera, honre no solamente la dignidad de Bolognesi y Alfonso Ugarte, sino la dignidad de la conciencia, que nos permitió dejar en manos de uno de los dos candidatos, los destinos de una patria forjada con sangre, sudor y muerte, de tantos héroes a lo largo de nuestra historia.
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