Nelson Pereyra | Larga duración
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Cada 28 de julio es una oportunidad para revisar lo que creemos saber sobre la independencia. Si el Bicentenario dejó una herencia valiosa fue precisamente la renovación del conocimiento histórico sobre este acontecimiento, que hoy permite cuestionar interpretaciones que durante años parecían incuestionables.
Una de ellas fue la conocida tesis de la “independencia concedida”, formulada hace más de medio siglo por los historiadores Karen Spalding y Heraclio Bonilla. Desde una lectura influida por el marxismo y la Teoría de la Dependencia, ambos sostuvieron que la independencia fue consecuencia de las transformaciones europeas relacionadas con el ascenso del capitalismo y de Inglaterra como potencia mundial. En ese contexto, el Perú habría alcanzado su independencia no por iniciativa de sus propios habitantes, sino como un efecto indirecto de procesos internacionales.
Según esta interpretación, la profunda fragmentación social del virreinato impidió la formación de un movimiento independentista sólido. Mientras algunos grupos apoyaban la ruptura con España, otros —como los criollos limeños o los campesinos de Huanta— permanecieron fieles a la monarquía incluso después de la batalla de Ayacucho. Así, la independencia habría sido, en esencia, obra de los ejércitos de San Martín y Bolívar, más que de los propios peruanos.
Aquella tesis provocó una intensa controversia no solo entre especialistas, sino también en la opinión pública. Sin embargo, medio siglo después, nuevas investigaciones han permitido matizar e incluso superar esa visión. Historiadores como Juan Carlos Estenssoro y Cecilia Méndez han mostrado que dicha interpretación bebía, en buena medida, de una narrativa construida en el siglo XIX por Mariano Felipe Paz Soldán, quien concentró el protagonismo de la independencia en la Expedición Libertadora de San Martín y relegó a un segundo plano los movimientos que surgieron dentro del propio territorio peruano.
Hoy sabemos que levantamientos como la rebelión de los hermanos Angulo y de Pumacahua, en 1814, no fueron simples episodios aislados, sino expresiones de un proyecto político que buscaba reemplazar el dominio español por un nuevo orden. Del mismo modo, la historiografía reciente ha recuperado la importancia de la llamada “fase peruana de la independencia”, concepto desarrollado por Jorge Basadre para destacar el protagonismo que asumieron los propios peruanos entre la salida de San Martín y la llegada de Bolívar.
Ese período, comprendido entre 1822 y 1823, suele pasar desapercibido en los relatos tradicionales. Sin embargo, fue entonces cuando el Congreso Constituyente elaboró la primera Constitución republicana y el naciente Estado peruano organizó dos campañas militares hacia los “puertos intermedios” (entre Ocoña e Iquique), con el objetivo de derrotar a las fuerzas realistas que estaban en el sur andino.
Aquellas expediciones estuvieron integradas por soldados peruanos, junto con tropas chilenas y rioplatenses. Su estrategia buscaba cercar a los realistas mediante ataques coordinados desde distintos frentes. Aunque obtuvieron una importante victoria en Zepita, la falta de coordinación entre los mandos, la ausencia del apoyo esperado y la rápida reacción española terminaron por convertir la campaña en un fracaso militar.
Pero los fracasos también forman parte de la historia. Las “campañas de puertos intermedios” generaron una experiencia de combate entre los bisoños soldados peruanos y contribuyeron a fortalecer el sentimiento antirrealista que fue importante para las futuras victorias de Junín y Ayacucho.
A 205 años de la proclamación de 1821, la historia nos invita a abandonar las explicaciones simples. La independencia del Perú no fue exclusivamente una obra de libertadores extranjeros ni un proceso completamente ajeno a la sociedad peruana. Fue una construcción compleja, llena de avances, retrocesos, disputas y protagonismos compartidos. Comprender esa complejidad no disminuye el papel de San Martín o Bolívar; por el contrario, devuelve a los peruanos el lugar que también les corresponde en la conquista de su libertad. Y esa quizá sea una de las lecciones más importantes que la historia puede ofrecernos en un nuevo aniversario patrio.
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