La respuesta de los científicos e investigadores peruanos sobre el tema de la vacuna de Sinopharm han desmentido las afirmaciones del biólogo y candidato fujimorista Ernesto Bustamante, y hay un sector mayoritario en el Colegio de Biólogos del Perú que están pidiendo que sea sancionado con anulación de su colegiatura, por dar afirmaciones que ponen en peligro la vida y la salud de las personas, hecho que viola el código de ética de dicho gremio profesional.
De mismo modo, el Colegio de Periodistas del Perú está cuestionando la forma irresponsable como el conductor -no es periodista ni comunicador social- “Beto” Ortiz viene emitiendo información falsa sobre el tema del Covid 19 en el Perú y en el caso de las vacunas, induciendo a la población a no hacerse vacunar.
Estos actos tienen su origen en la desesperación del fujimorismo que busca entorpecer el proceso electoral, por un lado y por el otro, generar pánico entre la población, para que aparezca, como la salvadora, la hija del dictador, es decir Keiko Fujimori.
Pero la derecha va más allá. El candidato de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, el mismo que se burló de una peruana que ha logrado el derecho a decidir el fin de su sufrimiento, ha pedido que se destituya al presidente Sagasti y se entregue la presidencia al general Otto Guivovich, uno de los impulsores de las solicitudes de vacancia contra Martín Vizcarra.
Todo está orquestado. Por un lado, tienen a Ortiz y otros más en ese canal llamado Willax, al que han llegado todos aquellos que fueron separados de otros medios de comunicación, que decidieron realizar una tarea de higiene informativa, frente a la basura que destilaban en los programas que conducían.
Y se han encontrado en Willax, y como era de esperar, están en una misma línea: destruir lo poco que queda de credibilidad en la política peruana y terminar de liquidar todos los fueros democráticos del país.
Willax y los conductores de los diversos programas no están construyendo una conciencia cívica, y por el contrario, buscan socavar las pocas instituciones que tienen un mínimo de credibilidad, apoyándose en congresistas, como los de Fuerza Popular, que se prestan para este tipo de acciones.



