El Vaticano confirmó la excomunión de seis obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X luego de que participaran en la consagración de cuatro nuevos prelados sin el mandato del papa León XIV. La decisión fue oficializada mediante un decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que calificó las ordenaciones episcopales como un acto de naturaleza cismática y señaló que la medida responde a la ruptura de la comunión con la Iglesia católica.
La ceremonia se realizó en Ecône, Suiza, donde fueron consagrados los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier, el estadounidense Michael Goldade y el suizo Pascal Schreiber. Asimismo, fueron excomulgados el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay por intervenir como consagrantes sin autorización pontificia.
El decreto establece que los ministros pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X deben ser considerados en situación de cisma y precisa que los fieles laicos que se adhieran formalmente a la organización incurrirán en excomunión automática, conforme a las disposiciones del derecho canónico.
La Santa Sede exhortó a sacerdotes y fieles a mantener la comunión con el Romano Pontífice y con los obispos de la Iglesia católica, además de abstenerse de participar en celebraciones o actividades organizadas por la fraternidad. Al mismo tiempo, expresó su disposición a recibir pastoralmente a quienes decidan retornar a la plena comunión eclesial.
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X fue fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre como respuesta a las reformas impulsadas por el Concilio Vaticano II. Desde entonces, la organización ha rechazado cambios como la celebración de la misa en idiomas distintos al latín y otras modificaciones litúrgicas y pastorales promovidas por la Iglesia.
La tensión entre la Santa Sede y la fraternidad se remonta a 1988, cuando el papa Juan Pablo II excomulgó a Lefebvre y a cuatro obispos ordenados sin autorización papal. En 2009, Benedicto XVI levantó esas excomuniones con el propósito de favorecer el diálogo, aunque el proceso de reconciliación no llegó a concretarse. Según el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, los intentos de reintegración no prosperaron y las recientes consagraciones profundizaron la ruptura.
Antes de la ceremonia, el papa León XIV había solicitado públicamente a la fraternidad desistir de las ordenaciones. Sin embargo, estas se llevaron a cabo pese al llamado del Pontífice. Posteriormente, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, afirmó que las consagraciones rompieron la unidad de la Iglesia y constituyeron un acto que conlleva las sanciones previstas por el derecho canónico.
Como parte de las disposiciones adoptadas, el Vaticano también informó que las facultades concedidas anteriormente a los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X para administrar el sacramento de la reconciliación y asistir matrimonios quedan sin efecto. En consecuencia, indicó que las confesiones y matrimonios celebrados por ministros de la organización carecen de validez canónica bajo el nuevo decreto.
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