Y este es un momento difícil, quizás el más difícil de todos, si lo comparamos con el que emergió después de la derrota en la guerra del pacífico o el que surgió luego de los años de violencia del senderismo y la crisis económica del irresponsable gobierno aprista.
Porque hoy, tenemos al frente la más grave crisis sanitaria de toda la historia republicana, que nos ha llevado a tomar medidas extremas como el confinamiento, el distanciamiento social, el uso de mascarillas y protectores faciales. Y, aun así, el índice de contagios sigue incontrolable.
La crisis sanitaria ha repercutido en la economía como un ciclón. que ha cerrado empresas, ha liquidado puestos de trabajo y millones de peruanos hoy conforman el grueso de los parados, y son afortunados aquellos que aceptan miseras sumas por los trabajos eventuales que consiguen o se han convertido en vendedores informales, exponiéndose día a día al contagio.
Y para agravar la situación, tenemos una crisis política, que ha debilitado la gobernabilidad del país, de la que es responsable, en gran medida, la señora Keiko Fujimori y la bancada de su organización en el congreso que fue disuelto por el ex presidente Vizcarra.
Las elecciones peruanas están llamando la atención mundial, no por sus propuestas, sino por la existencia de 18 partidos -hay que llamarlos así- que compiten por la presidencia. Pudieron haber sido 20 o más, pero algunos no pudieron inscribir su lista o fueron observados, como fue el caso del Partido Aprista Peruano.
La crisis de gobernabilidad que ha caracterizado los 5 años, que comenzó con PPK y termina con Sagasti, induce a los analistas internacionales de medios extranjeros, de temer que el Perú que está al borde del precipicio, caiga al abismo, y, gane quien gane, el próximo gobierno será tan inestable o quizás más del que lo precede.
Hay responsables de esta crisis política. Y lo son, los dirigentes de los partidos políticos -de izquierda y de derecha- que banalizaron la política, las campañas electorales las convirtieron en pachangas con bailarinas con escasa ropa; se volvieron asiduos a los programas cómicos y llegaron a tener, e incluso tienen, como asesores a personajes de la farándula de dudoso pasado, en lugar de militantes políticos de sus organizaciones.
Pese a este sombrío panorama, tengamos fe. Volvamos a leer a Basadre y repetir que el Perú es más grande que sus problemas. Y, siguiendo el pensamiento de Arguedas reiterar que “No, no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos, utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacamac y Pachacútec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren”. Vayamos con fe a votar y confiemos en la sabiduría de nuestro pueblo.



