No es una novedad que, para la derecha peruana, todo aquel que quiera cambiar -incluso de forma superficial- la actual estructura política del país es un comunista. Por suerte ya no lo califican como agente del Kremlin, de la Habana o de Pekín, que era el discurso utilizado en la década de los 60, cuando el Perú se preciaba de ser un país anticomunista que quemaba los libros de las editoriales Progreso y Cartago.
Hoy han cambiado los tiempos. La derecha señala como comunistas a los gobiernos de Cuba -que si lo es- Venezuela y Nicaragua. Tratan de vincular a Bolivia y Ecuador en el periodo de Correa, pero no se atreven a llamar de esa manera a Chile durante los gobiernos de Lagos o de Bachelet y menos a de Uruguay bajo el Frente Amplio, con Pepe Mujica.
Hablan contra el comunismo, pero no se pronuncian con respecto al TLC firmado con China, nuestro principal socio comercial e ignoran las relaciones que mantenemos con Vietnam, otro país autodenominado comunista y que tiene intereses en el campo de las comunicaciones, especialmente internet.
Aprovechar las decisiones de Perú Libre con relación a la designación de sus ministros para atacar frontalmente a toda la izquierda con un discurso anticomunista, nos lleva a los años ochenta, cuando en medio del conflicto armado interno, muchos militantes y dirigentes de Izquierda Unida fueron detenidos y acusado de terroristas.
Esta actitud que hoy se repite desde la derecha peruana, con una clara connotación fascista de muchos de sus integrantes, debe llevar a reflexionar a Perú Libre sobre la designación de sus ministros, especialmente a quienes se les vincula con organizaciones terroristas.
El presidente Castillo debe en medio de esta situación, hacer un análisis serio, con todo su gabinete para tomar decisiones que permitan salir de esta crisis que se está incubando, antes de que se precipiten los problemas y sea inmanejable.
No debe actuar con soberbia y dar la espalda a una situación que cada día se puede ir tornando más conflictiva. Tiene que buscar los mecanismos que permitan bajar la temperatura, teniendo en cuenta que estamos en una crisis sanitaria grave y la economía está paralizada.



