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Las redes y la apología al racismo | Editorial

La libertad de opinión, llevada a su máxima expresión, la encontramos en las redes, en las que todo está permitido: desde mentar a la madre a cualquiera que discrepe con tus ideas, hasta convocar a cualquiera para que asesine a quien se considera enemigo de tus ideas.

El Perú se encuentra en una grave crisis, que pareciera terminal, porque el fraccionamiento del país ha llegado a niveles sumamente graves: el 50% de los peruanos está con una opción política de extrema derecha personificado por Keiko Fujimori, y la otra mitad es un conglomerado antifujimorista, que respalda en esta oportunidad a Roberto Sánchez.

Atrás de este fraccionamiento, están presentes todas las peores manifestaciones del racismo que se mantiene en el país, el desprecio a los nativos peruanos -sean amazónicos o serranos- y a los afrodescendientes, con términos y recreando los viejos estigmas: son brutos, son razas degeneradas, son ociosos, vagos, perezosos, rateros y dejamos de señalar adjetivos denigrantes.

Esto es parte de la cultura “criolla” o limeña, que mira sobre el hombro a los “provincianos”, a quienes considera inferiores. ¿Pero todos los limeños son oriundos de Lima, después de tantas migraciones de las provincias?

No. Y muchos son provincianos que han formado su familia en Lima. Estos que, en sus momentos de nostalgia, recuerdan a su pueblo originario, se avergüenzan del mismo cuando sus hijos se presentan como parte de la provincia de sus padres.

Para precisar mejor, se manifiesta cuando muchos padres de familia, cuando hablan con sus hijos nacidos en Lima y ellos quieren reivindicar su origen: huanca, ayacuchano, puneño, etc. el padre les dice: “tú eres limeño, has nacido en Lima”.

Y no es sólo Lima. El desprecio a los nacidos en los Andes y en la Amazonía se nota en los pobladores de las grandes ciudades de la costa desde Tumbes hasta Ica. Las excepciones son Arequipa, Tacna y Moquegua.

¿Cómo revertir esta fractura social del país? No podemos eludir el conflicto armado interno, y muchos de los que hoy señalan a los pobladores andinos como “terrucos”, se olvidan que ellos, los campesinos, fueron quienes derrotaron a sendero luminoso.

Estudios realizados en las comunidades campesinas, han publicado libros sobre ese proceso de reconciliación, y pese a que obligados o no, estuvieron en bandos contrarios, y han sido responsables de muertes de familiares, estos, los sobrevivientes, se han reconciliado.

¿Podemos aprender de ellos? Este es el reto.

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