El informe de la ONPE de las elecciones internas que se realizaron previas a las elecciones del 2021, demostraron un ausentismo elevado de los militantes de los partidos al acto electoral, de manera que, surge la primera duda ¿Existen realmente esos partidos políticos?
La ausencia de militantes debería preocuparnos, porque de una u otra manera, eso puede interpretarse que esos militantes no se identifican realmente con ese partido. Ya sabemos cómo se han recogido las firmas para la inscripción de los partidos, entregando alimentos de primera necesidad.
El otro problema es la indiferencia de amplios sectores de la población por la política, considerada por algunos como actividad propia de gente de mal vivir, pero con corbata. En otras palabras, ser político resulta casi sinónimo de corrupto.
Vale acá recordar a Nelson Mandela cuando decía “no me preocupan los gritos de los deshonestos, de la gente sin escrúpulos y de los delincuentes, más me preocupa, el silencio de los buenos”.
Llevando a la política, más nos debe preocupar que las personas honestas sean indiferentes a la actividad política, dejando esta actividad, la más importante en la sociedad, en manos de políticos deshonestos. Y, esto por su desinterés, se convierten sin querer, en cómplices por omisión, de los mismos políticos deshonestos.
Esto puede ser mucho más grave si las nuevas generaciones, que están entre los 20 y 40 años, miran a un costado y deja que los de siempre, organicen partidos convertidos en negocios que se ofertan al mejor postor.
Partidos sin principios o principios copiados de partidos de otros países, como son muchos de los que existen en estos momentos, demuestra además la pobreza intelectual de sus líderes, que han sido incapaces de entender al Perú del siglo XXI, como sí lo hicieron en su momento Haya y Mariátegui, o Belaunde y Cornejo, cuando les tocó liderar a sus partidos políticos, hermanados con el pensamiento político de su época.
Pero no echemos la culpa sólo a los dirigentes de esos llamados partidos políticos y movimientos regionales, sino también a los a los medios de comunicación, que no se interesan en generar una conciencia ciudadana, no a favor o en contra de un movimiento regional o partido político, sino en incentivar el interés por la política del país.
No olvidar que las decisiones de un gerente repercuten en su empresa. Las decisiones de un gobernante repercuten en toda la nación.



