Comencemos por Acción Popular, el partido que fundara Fernando Belaunde Terry como una alternativa de las clases medias profesionales. En su primer gobierno (1963 -1968) se dividió su partido y él se alineo con el sector derechista y conservador: los carlistas encabezados por Javier Alva Orlandini.
En 1980, restaurada la democracia, el país vota por Acción Popular. El día de las elecciones, un pequeño grupo de personas quemó el material electoral y dieron inicio al conflicto armado interno que ensangrentó el país durante los 12 años siguientes.
¿Qué hizo Belaunde Terry para enfrentar a la subversión en sus primeros dos años? Culpar a la Universidad de Huamanga y acusar a la ex Unión Soviética, China y Cuba de haber preparado y financiar a Sendero Luminoso. Lo más grave sucedió la noche del 2 de marzo. No dio la orden, para que la policía y el ejercito ataquen a los 20 senderistas que asaltaron la cárcel de Huamanga.
Ante su impotencia, entregó al ejército la lucha contra la subversión y, en un gestó propio de dictaduras fascistas, arrojó a la basura el Informe de Amnistía Internacional, donde se daba cuenta de miles de desaparecidos en la región de Ayacucho.
Su gobierno estuvo lleno de denuncias de corrupción al haber convertido a la administración pública y las empresas del Estado en botín para los militantes de su partido. Al finalizar su mandato, el índice de aprobación no llegaba al 5 %.
El país que recibe Alan García tiene una inflación de 3 dígitos, un conflicto armado interno creciente. La gran esperanza de que el Apra cumpla con su ideario y demuestre su capacidad para derrotar a sendero Luminoso, fue una decepción.
Fracasó. No pudo controlar la crisis económica, agravada por el sabotaje de los 12 apóstoles; el terrorismo se incrementó y la corrupción alcanzó al propio Alan García Pérez.
Todo esto hizo que la población se desengañe de los partidos políticos, no sólo del Apra, AP y el PPC, sino incluso de IU que se dividió. Ahí surge la imagen de Alberto Fujimori.
La crisis de hoy que se gesto entre 1980 y 1990, se institucionalizó durante la autarquía de Fujimori-Montesinos. La palabra política adquirió el significado que tiene hoy: una actividad delincuencial; y, los partidos políticos calificadas como organizaciones criminales.
En estas condiciones urge reconstruir la ciudadanía. Y hacerlo desde abajo. Se requiere de verdaderos partidos y no de los vientres de alquiler en que han devenido las organizaciones políticas surgidas en y después del fujimorismo.



