Los adjetivos fueron dirigidos hacia los turistas, indistintamente su edad que durante los días de Semana Santa se dedicaron a divertirse, tergiversando el contenido de una semana de recogimiento que conmemora la pasión, muerte y dolor de Jesús de Nazaret.
Las imágenes que mostraron los videos eran montículos de basura generados por personas que convirtieron la noche del sábado a la plaza mayor en una cantina y peor aún, en una letrina. De inmediato se culpó a los turistas y se les pidió que no vengan a perturbar la Semana Santa.
¿Eran turistas los responsables de la bacanal del sábado y la madrugada del domingo? Una mirada detenida de los videos nos dice lo contrario. Están ahí los rostros de jóvenes y otros no tan jóvenes disfrutando del desenfreno avivado por el consumo de alcohol y entre ellos reconocemos a hijos de muchas familias de la élite ayacuchana, que posiblemente invitaron a sus amigos a disfrutar, de lo que ellos, coloquialmente llaman, semana tranca.
Prohibir la visita de turistas a Ayacucho durante la semana santa y que solo vengan peregrinos a participar en las actividades del culto católico, sería una medida impopular porque afectaría a todas las actividades que tienen en el turismo su fuente de ingresos. Es más, ni siquiera la Iglesia Católica podría atribuirse como dueña absoluta de una manifestación de las Industrias Culturales de esta ciudad: “Ciudad Creativa”.
En el mundo hay una sola ciudad consagrada al culto religioso y no es cristiana. Es la Meca, ciudad que no permite el ingreso solo de musulmanes que van a participar en los ritos de su religión, especialmente en el mes del Ramadán.
Lo que debe hacerse es construir una fuerte identidad regional que ponga entre sus prioridades el respeto y la conservación del patrimonio cultural vivo, es decir las manifestaciones que refuerzan la identidad, entre estas, de la Semana Santa.
El problema no son los turistas, como equivocadamente se ha señalado, sino somos los propios ayacuchanos y en especial los jóvenes egresados de colegios privados cuyos padres tienen capacidad para costear sus estudios en universidades privadas de Lima y que invitan e incentivan este tipo de conductas irreverentes en Semana Santa.
Y por supuesto de las autoridades de la ciudad. Hay una comisión de Semana Santa a la que se acredita a representantes de las instituciones las que deben comprometerse en diversas tareas, especialmente las de seguridad y orden antes, durante y después de las ceremonias religiosas y las procesiones. Y de manera especial, de las otras actividades, como las ferias, presentaciones y festivales.



