Hace mucho tiempo, que la frase del maestro José Antonio Encinas, de que “El más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en una democracia es el de maestro de escuela”. ha dejado de tener vigencia en el Perú. Sólo sirve para los discursos oficiales, pero no para darle un salario digno y una formación profesional para un desempeño que permita dotar a los niños y adolescentes a su cargo, en la reserva social que la nación necesita.
La formación de los profesores, debería ser la preocupación más importante del Estado, y darle preferencia a la educación básica, los pilares sobre los que se van a desarrollar los estudios superiores. Si estos pilares no están bien construidos, no vamos a tener profesionales que respondan a los estándares internacionales, en este mundo globalizado.
La formación de los profesores es fundamental. Debería ser la aspiración de los mejores alumnos, como lo es en muchos de los países más adelantados en educación. Para eso, el Ministerio de Educación debe evaluar la calidad de la enseñanza tanto en los institutos pedagógicos como en las facultades de educación de las universidades, públicas o privadas, para que estas tengan las condiciones básicas de calidad, tanto en la selección de los postulantes como en el seguimiento de los graduados.
Y del mismo modo, la SUNEDU debería evaluar las maestrías en educación que se dictan en las universidades públicas y privadas. La proliferación de maestrías en educación en las universidades privadas, ha dejado una estela negativa, calificada como un negocio, que perjudica la imagen del maestro que ostenta un grado de ese nivel.
Hay que dignificar el trabajo de los maestros. Hay que generar en las familias la aspiración de tener entre sus hijos uno que tenga la vocación de ser maestro, porque es una forma directa de contribuir al desarrollo del país. Nos dice la experiencia de los países que han hecho de la educación su principal preocupación y han salido del subdesarrollo y hoy son potencias científicas y tecnológicas.
Feliz día del maestro peruano, especialmente de las instituciones públicas, que, en medio de todas las carencias, siguen en pie, enseñando en los lugares más remotos del país, en las zonas urbanas marginales empobrecidas y que tienen que lidiar con el día a día para dar lo mejor que saben a sus estudiantes.



