En un país dividido, con sectores marginados, donde hablar de política partidaria. de ideologías que contraponen visiones distintas para el futuro del país es casi un delito. Esto es el resultado de 20 años de antipolítica -entre 1990-2000- y el reemplazo de una suerte de farándula política.
Esta es la herencia que nos dejaron Alberto Fujimori y Abimael Guzmán. El primero, haber convencido a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes de las décadas del 90 de siglo pasado que hacer reuniones en las universidades e institutos superiores públicos y privados, para tratar temas sobre el desarrollo y el futuro del país, era casi un delito y quienes lo hacían, corrían el riesgo de ser calificados como “terroristas”, corriendo el riesgo de ser sancionados con la expulsión de la institución donde cursaban sus estudios.
¿Y la cantidad de partidos existentes? Eso es lo paradójico y muchos no se explican, como se puede hablar de una sociedad antipolítica, cuando se tiene 43 partidos y muchos de ellos hicieron alianzas para las elecciones, como por ejemplo el Partido Popular Cristiano.
¿Son en realidad partidos políticos? Muchos de los que estudian el caso peruano, señalan que en realidad, no son organizaciones políticas en la precisa definición, sino organismos electoreros, constituidos para participar sólo en las elecciones generales, regionales y locales.
No tienen militancia y por tanto, no realizan campañas o procesos de captación de militantes entre las personas simpatizantes, para constituir bases regionales y provinciales -incluso distritales- que tengan una activa vida política permanente. Se alquilan un local uno o dos meses antes del inicio de la campaña electoral, y se cierra cuando esta concluye.
Existen algunos caudillos, exitosos o fracasados, da igual, que se confundes con organizaciones políticas, y parecen partidos porque sacan comunicados, avisos, convocatorias en los procesos electorales, que parecen partidos, pero son en realidad maquinarias electoreras manejados por operadores políticos rentados.
Cuando Alan García ganó las elecciones de 1985, nadie se preguntó que ofrecía Alan García como individuo. Se preguntaban y tenían la esperanza que el lema del aprismo: Pan con Libertad, iba hacerse realidad y que el modelo de la sociedad del bienestar. Alcanzado por la Social Democracia europea, era posible replicarlo en el Perú.
Por eso la pregunta del editorial, ¿Qué nos ofrece Fuerza Popular? Podemos responderla con un Nada. Porque no teniendo una propuesta a largo plazo para el país, sólo decir que hará lo que hizo su padre, es desconocer que el Perú del 2026, no es el mismo de 1995.
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