Y hay una sola responsable: Keiko Fujimori, cuya soberbia y odio hacía el pueblo peruano quiere satisfacerlo con la sangre de los peruanos, por no elegirla como presidente y ser ella, la que indulte a su padre en prisión por crímenes de lesa humanidad. Boluarte, pagará por las muertes de más de 50 peruanos, pero no es sino, una marioneta en manos de Keiko Fujimori, la verdadera enemiga del Perú.
Una mala hija no puede ser una buena presidenta
El triunfo de Alberto Fujimori movilizó a la comunidad Nikei, formada por descendientes japoneses nacidos en el Perú. Fujimori visitó Japón, se reunió con el primer ministro y fue recibido por el emperador. Era el primer inmigrante japonés, que llegaba a ser presidente.
El pueblo japonés no era ajeno a la crisis en la que dejó el gobierno de Alan García, así como apoyo con ropa, que comenzó a llegar a la fundación Apenkai, que estaba a mando de la primera dama. Y ahí vino el primer problema. La hermana Rosa y otros familiares de Fujimori, comenzaron a seleccionar la ropa, escogiendo las que estaban en buenas condiciones para negociarlas, y entregar los trapos a los beneficiarios.
Alberto Fujimori expulsó de Palacio de Gobierno a Susana Higuchi, quien denunció que fue llevada al sótano del SIN donde fue torturada por intentar denunciar corrupción dentro del gobierno. Esto lo hizo 23 de agosto de 1994 y un día después, su hija mayor Keiko Fujimori, que sabía todo lo que le habían hecho a su madre, aceptó reemplazarla como primera dama de la nación. Ahí, demostró todo lo que estaba dispuesta a hacer, con tal de llegar al poder.
Denunció a su hermano y devolvió a su padre a la cárcel
Obsesionada por vacar a Pedro Pablo Kuczynski, formó alianzas con las bancadas de derecha, entre ellas, la bancada del Apra, y el partido del señor Acuña y otros más. En medio de esto, el presidente Kuczynski, se reunió con Kenyi Fujimori, para conseguir los votos que impedirían la vacancia. A cambio, Alberto Fujimori sería indultado.
Y así fue. Convocada la sesión para el 22 de diciembre, 9 congresistas de fuerza popular votaron en contra, ante las iras de Keiko Fujimori que seguía de cerca la votación. Dos días después, la noche del 24 de diciembre Alberto Fujimori abandonaba la clínica a donde había sido trasladado por una supuesta enfermedad.
Pero tampoco le importó que su padre sea liberado de la cárcel, gracias a las gestiones de su hermano de padre y madre Kenyi Fujimori, quien a cambio de 9 votos de la bancada de Fuerza Popular evitó la vacancia de Pedro Pablo Kuczynski. Por el contrario, enfiló sus baterías contra su hermano, utilizando a sus esbirros como sus congresistas
Fue una intensa campaña desatada contra su hermano, al que acusaban de haber negociado el indulto de su padre a cambio de los 9 votos, sin importar las consecuencias que tuvo en la familia Fujimori. El padre retornó a la prisión y al hermano lo defenestraron como congresista y ahora se encuentra cumpliendo un proceso por haber logrado fraudulentamente el indulto de su padre.
El “fraude de Castillo” y la alianza con la derecha bruta y achorada
Contra todo pronóstico, el desconocido profesor de un caserío en el distrito de Tacabamba, Pedro Castillo, de Perú Libre, un partido fundado en Huancayo por Vladimir Cerrón, hijo de Jaime Cerrón, el vicerrector de la Universidad del Centro, asesinado por el grupo Colina y graduado como médico en Cuba.
En segundo lugar, lo ocupó Keiko Fujimori. Desde que se inició la campaña de la segunda vuelta, el macartismo de la derecha peruano afloro con todo el odio que puede tener en sus entrañas un militante de las brigadas nazi o de los grupos de combate del fascismo italiano.
Nunca, ni en los tiempos de Odría, que acuso de comunista a Haya de la Torre o de Prado, cuando en la campaña de 1962 acusaban de comunista a Belaunde Terry, hubo una campaña tan anticomunista, como la que soportó Pedro Castillo.
Dijeron de todo, desde que iba a quitarle la casa a los propietarios, hasta que iban a prohibir la televisión a color o quitar el internet para que no sepamos lo que ocurre en otras partes del mundo. Toda una campaña tendiente a asustar a la población y presentando a Keiko Fujimori como paradigma de la libertad.
El Perú como enemigo
Su odio al Perú es tan grande, porque no ha sido elegida por tercera vez. Pero su odio se extiende hacia la población indígena, que votó por Pedro Castillo y que es mayoritaria en la zona sur del país. Eso explica, las muertes en Ayacucho, Andahuaylas, Puno, Cuzco y Juliaca.
No estaba equivocado su padre y menos el médico Aguinaga, que fue su ministro de educación, cuando con el pretexto de planificación familiar les ligó, sin su consentimiento, las trompas de Falopio a las mujeres quechuas y aymaras y realizaron vasectomías a los varones de esas comunidades.
Es que la población aborigen nunca lo iba aceptar, especialmente la del sur, porque no los consideran como uno de los suyos, así se disfrace de campesino o campesina. No forman parte de nuestra tradición cultural y además, el pueblo se ha dado cuenta, que a cambio de las empresas públicas privatizadas, esa familia y su entorno, se ha enriquecido.
Esto odio contra el Perú es patológico y debería ser tratado por un psiquiatra. Pese a que con dinero del Estado, pudo estudiar en el extranjero al igual que sus hermanos. Pese a todas las gollerías que recibió como Primera Dama, su desprecio hacia los peruanos es evidente.
Lo ha demostrado varias veces, oponiéndose a leyes a beneficio del país, siendo el caso más conocido la denuncia de la entonces congresista de Fuerza Popular, Yesenia Ponce. Textualmente, y copiamos lo que dijo en Cuarto Poder: “Me llama a su despacho, a una reunión, y me dice Keiko: ¿Yesenia, vamos a ayudar al Ejecutivo?, ¿le vamos a solucionar al Ejecutivo? Nosotros vamos a ser gobierno el 2021. Este proyecto tiene que ser nuestro. ¿Por qué le vamos ayudar al Ejecutivo con este proyecto?”. Se trataba del proyecto Chinecas para ampliar la irrigación y beneficiar a 10 mil agricultores.
Baluarte, una pieza de recambio
Dina Boluarte no es la que gobierna el Perú. En estos momentos, desde lejos, mueve sus fichas Keiko Fujimori y deja que Dina Boluarte se manche las manos de sangre, igual que su gabinete y le preparen el camino para que ella sea la próxima presidenta del Perú.
Esta crisis se inició hace 11 años cuando se inscribió Fuerza Popular, que tenía como líder histórico a un delincuente sentenciado por crímenes de lesa humanidad. La permisibilidad del país, de permitir la inscripción de un partido que tenía como antecedentes –aunque se haya cambiado de nombre- que era una organización criminal, porque Alberto Fujimori, aparte de los crímenes de lesa humanidad, está cumpliendo su sentencia por corrupción no debió ser aceptada.
No perdamos de vista a la verdadera responsable de esta crisis. No nos fijemos en las marionetas, sino en quien maneja a las marionetas y sus cómplices, que están en la derecha bruta y achorada y que tienen, ellos sí, dinero como cancha. Dinero mal habido a través la corrupción de 10 años del gobierno de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos.



