El desempeño del congreso, en varios momentos de la historia ha sido cuestionado. El humorista peruano Luis Felipe Angell de Lama, con el seudónimo de Sofocleto lo bautizó como la Pensión Soto, donde los congresistas obtenían casa comida y (…). Era un congreso criticable, pero tanto en la cámara de diputados como de senadores, habían parlamentarios que le daban credibilidad y confianza.
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Incluso, durante el gobierno de Fujimori, al margen de la impresentable bancada fujimorista, hubo congresistas de gran valía. Para citar a uno de ellos, en el congreso electo en el 2000 es suficiente señalar a Valentín Paniagua, que asumiría la presidencia del país, luego de la vacancia de Alberto Fujimori, quien renuncio a su cargó por fax.
Hoy tenemos que lamentar la carencia de congresistas que sean verdaderos cuadros políticos de los “partidos” que tienen representación en el legislativo peruano. Es la expresión de la crisis de la democracia en el Perú y de los partidos que están llamados a sostenerla.
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Poco a poco, en lo va avanzando el siglo XXI, la representación nacional es menos legítima. Da la impresión de que los mejores ciudadanos no desean participar en política, aunque también hay que decirlo, que cuando se han presentado como candidatos personas de reconocida capacidad política, estos han sido derrotados por desconocidos.
Esto puede explicarse por la falta de ligazón de los partidos políticos con el electorado, con la ciudadanía. Convertidos en entidades electorales, su presencia sólo en el proceso electoral, lo perciben los ciudadanos como intrusos que vienen por sus votos, pero que en realidad, hace tiempo que se han alejado de quienes dicen representar.
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Reconstruir partidos que tengan el sentido de pertenencia a un sector de la sociedad, es una crisis de la democracia en casi todos los países en esta época de grandes cambios tecnológicos y que traen cambios políticos y sociales. El mejor ejemplo, es que el partido laborista inglés, formado por los trabajadores, hoy no se diferencia en casi nada del partido conservador en el Reino Unido.
En el Perú sucede casi lo mismo, con sus particularidades de ser un país donde la informalidad y precariedad laboral son los principales indicativos. Y esa informalidad y precariedad laboral se da también en los partidos políticos y tenemos por tanto un congreso que es un reflejo de la sociedad: informal y precario, de congresistas que mudan de bancada o que viven sometidos al dueño o dueña del partido.
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Volver a relacionarse con los ciudadanos, captar sus necesidades presentes y sus aspiraciones de la sociedad que desean para el futuro, no es tarea de un día y menos de una campaña electoral, sino el quehacer permanente de una organización política y sus militantes.



