Las declaraciones de Keiko Fujimori, anunciando la candidatura de su padre, el asesino y corrupto Alberto Fujimori, no es una buena noticia para el Perú y demuestra, que el fujimorismo está preparando todo el andamiaje para capturar el poder, sea a través de un proceso electoral amañado como las elecciones del año 2000, o un pronunciamiento cívico militar, como fue el autogolpe del 5 de abril de 1992.
Para ambos casos, el fujimorismo esta preparando todas las condiciones. La ley para que los crímenes cometidos antes del 2002 no sean considerados crímenes de lesa humanidad tiene como objetivo, exculpar al dictador japonés del secuestro, desaparición forzada de personas, ejecución extrajudicial -léase asesinato- de personas detenidas por el grupo Colina, y desaparición de los restos, al enterrarlos en Cieneguilla.
Todo esto, sirvió para condenarlo por crímenes contra la humanidad, que también se conoce como de lesa humanidad, porque las personas detenidas por agentes del estado no pueden ser torturadas, luego ejecutadas sin mandato judicial -y en el Perú la pena de muerte no existe, salvo traición a la patria en tiempos de guerra exterior-.
Nada de esto tiene valor para la organización criminal llamada Fuerza Popular. Ellos pretenden que, una vez publicada y puesta en vigencia la ley de la impunidad, para lo que cuentan con el respaldo de las otras organizaciones criminales que tienen controlado el congreso de la república, Alberto Fujimori recurra al poder judicial o al Tribunal Constitucional, para que lo declaren “inocente” de las muertes de La Cantuta y Barrios Altos, dejando en libertad además a los integrantes del grupo Colina y por supuesto a Vladimiro Montesinos.
Esto es un insulto al pueblo peruano cometidos por una mafia que ha decidido perpetuarse en el poder y para ello, quieren presentar la imagen de Alberto Fujimori, como una víctima del odio, incapaces de reconocer los delitos que ha cometido, tanto contra los derechos a la vida, la salud y el bienestar de los peruanos.
La situación actual del país es crítica y ha merecido un pronunciamiento de la Comisión Episcopal de Acción Social. La pretensión del fujimorismo de poner como candidato a un condenado por crímenes de lesa humanidad, es provocar a la ciudadanía y puede generar un clima de odio, al que está acostumbrado el fujimorismo.
Frente a esto, es la calle la que debe salir a defender el honor de la patria frente a una organización criminal que intenta volver al gobierno. Por eso, repetimos: Fujimori: ¡Nunca más!



