Hacer de la vista gorda a un delito y considerarlo un problema doméstico, es no cabe duda, una de las primeras formas de como se expresa la impunidad. “Ya no hay delito de violencia contra la mujer, porque la esposa lo perdonó” o “no hay delito, porque la víctima no lo ha denunciado”.
Estas son las formas como se encubre el delito de violencia familiar, en especial de violencia contra la mujer, cuando se dan ciertas condiciones, que la ponen a esta en dependencia del marido, por no tener ingresos económicos, dejando al varón como el proveedor de recursos, relegando a la mujer a las funciones domésticas.
Además, se tiene que sumar que muchas veces, la propia mujer es amenazada por el marido, quién en base a amenazas y golpes, ha logrado doblegarla. El miedo es un factor que inmoviliza a la mujer, porque teme que su conyugue tome represalias violentas si esta lo denuncia.
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En este caso, es la propia mujer la obligada a “desmentir el acto de violencia” y la que pide que no le hagan daño a su esposo. Es previsible el diálogo -si eso existe en hogares violentos- donde la mujer es “convencida” de que lo correcto es que ella obedezca a su marido y no lo exponga a la “vergüenza” pública.
Y no es raro, que sean otras mujeres las que salgan en “defensa” del marido violento, bajo el argumento de que el varón es la cabeza de la familia y que la mujer le debe obediencia y guardarle las espaldas, es decir, que todo lo que el haga, la mujer lo respalda.
Todo esto abre las puertas a la impunidad y que podría concluir en un feminicidio.
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Una reciente denuncia pública contra el alto funcionario de una municipalidad distrital es la que nos lleva a estas reflexiones. Luego de haber sido destituido, a raíz de la difusión de un video que demuestra un acto de violencia familiar, ha sido repuesto en el cargo, por el mismo alcalde que días antes lo destituyó.
Las organizaciones que defienden los derechos de la mujer se han pronunciado. Han anunciado marchas y plantones, pero parece que nada de esto surtirá efecto, mientras se considere que nada de lo que hizo es delito, porque la víctima de la violencia no lo denunció.
Este tipo de actitudes, es la que desemboca posteriormente en la impunidad, porque el marido se sentirá respaldado por la sociedad, aun cuando las leyes digan lo contrario.



