Carmen Aroní comenzó su carrera teatral a los 20 años, pero su pasión por la actuación nació mucho antes. Durante su etapa escolar, participó en una obra de teatro, la cual sería la chispa que encendería su pasión por este arte.
“Cuando era niña siempre quería ser cantante, pero no tenía la voz para ello. Fue en el colegio, cuando un profesor nos obligó a participar en una obra, que realmente descubrí mi amor por la actuación”, recuerda.
En dicha escenificación, Aroní interpretó a un hombre alcohólico, lo que le permitió dar sus primeros pasos en el mundo del teatro. Ese fue el impulso que la llevaría a unirse al grupo Ave Fénix a los 20 años, con el que comenzó a participar en producciones como La Semilla y la Mostaza y Ayacucho Morada del Alma.
“Empecé en el teatro con Ave Fénix, y desde ahí no he parado de hacer estatuas humanas, cuerpos pintados y puestas en escena”, comenta Carmen sobre sus primeros años de formación y trabajo en el escenario. Desde entonces, su carrera no ha hecho más que consolidarse.
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A medida que su carrera avanzaba, fundó su propio colectivo, “Retratos”, con el cual continuó explorando el teatro infantil y juvenil a través de obras como El osito Iti, siempre con un fuerte mensaje de concientización sobre temas como el cuidado del medio ambiente y de los animales.
La actriz también destacó en el teatro experimental y en el trabajo corporal, un ámbito que considera esencial para el desarrollo de la expresión en el escenario. “El teatro te exige mucho trabajo, te pide ser más que un actor: requiere resistencia, agilidad y concentración”, afirma. Y es que para Aroní, el teatro no es solo una forma de expresión artística, sino una herramienta pedagógica de gran poder transformador: “Te ayuda a desarrollar habilidades como la confianza, la memoria y la concentración”.
A pesar de su profunda conexión con el teatro, Aroní también ha explorado el cine, comenzando en 2009 con su participación en el filme El Pecado de Yahaira.
“Al principio era reacia a involucrarme en el cine porque era fiel al teatro, pero luego me animé y tuve la oportunidad de trabajar en proyectos muy interesantes”, confiesa sobre su transición al cine.
Más recientemente, ha participado en cortometrajes y videoclips, destacando su interpretación en Tatuajes en la Memoria, basada en el libro de Lurgio Gavilán.
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No obstante, la actriz subraya que su verdadera pasión sigue siendo el teatro. “El teatro te da mucho más que el cine”, afirma, explicando que en el teatro se logra una conexión más profunda con el público, algo que considera fundamental en su labor.
A lo largo de su carrera, ha sido testigo de cómo el teatro transforma a las personas, les da voz y les permite conectar con su ser interno.
“Es un arte sanador, que te ayuda a encontrar tu yo interno y a reflexionar sobre las problemáticas sociales”, explica.
Su amor por el teatro no ha disminuido con los años, por el contrario, Aroní es un referente del teatro ayacuchano que buscar promover más este arte.
“No hay edad para hacer teatro, y siempre invito a los jóvenes a que se animen, ya que el teatro es un camino de autoconocimiento y de crecimiento personal”, concluye.
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